Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez en los momentos previos al debate. EFE-AD

Susana Díaz aguanta las embestidas de Pedro Sánchez

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El debate del PSOE refleja un partido fragmentado cuyo perdedor en las internas tendrá que regresar a su casa

Carlos Carnicero

Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez en los momentos previos al debate. EFE-AD

Madrid, 15 de mayo de 2017 (16:45 CET)

La primera aseveración de la crónica de este debate es que lo ha sido. Debate de verdad. Duro, contundente, pero sin perder las formas. No hay otro partido, para bien o para mal, que haya ofrecido a la opinión pública un confrontación entre candidatos postulados en una votación directa y secreta para elegir líder. Es cierto que no ha sido un debate de proyectos sino una disputa por descalificar al contrario. Pero eso es también la política, sobre todo en periodo electoral.

Lo positivo, con todos los matices, es que ha sido una lección de democracia. En el polo opuesto, un retrato desolador de un partido fragmentado sin ninguna posibilidad de cicatrizar las heridas de estas diferencias.

Si hubiera que decidir un ganador, habría que señalar a Patxi López. No porque aumente lo más mínimo sus posibilidades de ganar el domingo, sino porque ha sido capaz de poner en relieve su utilidad como perdedor de estas elecciones. Su insistente mensaje de unidad ha resultado creíble y su actuación como un predicador de la paz le puede dar réditos.

El debate fue una lección de democracia y un retrato desolador de un partido fragmentado

Muchos de quienes le avalaron tienen hoy razones para mantener su voto sabiendo que con su apoyo puede ser útil en una reconciliación que parece imposible.

Patxi López ha sido tajante renunciando a la oferta in situ que le ha hecho Pedro Sánchez para conseguir su apoyo. La respuesta, una frase demoledora, cuando el anterior secretario general le ha dicho que se han incluido en su candidatura todas las propuestas del López. “Será porque no teníais programa, pero ese no es el problema.”

Sabiendo de antemano que este debate no iba a movilizar cambios en unos votos decididos, ha desmontado la mayor de las razones que esgrime Pedro Sánchez: su victimismo. Ha sido sin duda el más agresivo en las formas y ha recibido rejones que le hacen mucho daño. “Pedro, tu problema no soy yo, eres tú”, frase redonda que titulará muchas crónicas. Y alrededor de esto, un catálogo de sus derrotas, de sus cambios de posición sobre cuestiones esenciales y de la soledad en que le han dejado quienes eran sus colaboradores más directos. “Zapatero no se fía de ti y Felipe denuncia que le engañaste. De una comisión ejecutiva de 38 personas, solo siete siguen a tu lado” Difícil argumentar en contra de esta puñalada de Susana Díaz.

El debate ha desmontado el victimismo que esgrime Pedro Sánchez

Aferrado a los mantras habituales sobre la abstención, la reiteración de que Rajoy gobierna porque el PSOE sacó solo 85 escaños en los peores resultados de su historia, ha sido uno de los dardos que han herido a Sánchez durante el debate. Porque lo único que ha sido capaz de adelantar sobre lo que hará si gana ha sido su declaración de que pedirá la dimisión de Mariano Rajoy. Bueno, eso lo puede hacer ya ahora mismo.

Susana Díaz, en el ring, ha salido a defender su condición de favorita y demostrar una solvencia de la que todavía no se tiene mucha noción en la parte norte de España. En el guión de su actuación estaba sobre todo no perder los nervios y las formas.  No se trataba de ser brillante sino de ser creíble. Probablemente lo ha conseguido. No ha estado obsesionada con decir la última palabra ni por abrirse camino cuando Sánchez parecía más crispado. Quería el retrato de una lideresa tranquila.

Críticas de fondo contra Sánchez con respuestas de este en chuletas preparadas contra Díaz, incluso buscando citas en periódicos conservadores.

Susana Díaz quería presentar el retrato de una lideresa tranquila

En las formas, Sánchez ha estado muy suelto, quizá como un opositor que no puede dejar en el tintero los temas preparados. La búsqueda de la complicidad de López ha mostrado una debilidad remarcada con el desdén del exlehendakari. En algún momento ha apabullado a Susana Díaz que voluntariamente o no, aparentaba dificultades para replicar.

Pedro Sánchez no ha perdido un solo apoyo entre sus seguidores. Pero dudo de que haya arañado un solo voto entre los avalistas de Patxi López. Y ese era su principal objetivo.

El debate ha sido quizá demasiado largo, a una hora que no vaticina grandes audiencias, pero dirigido únicamente a quienes votarán el próximo domingo.

La parte más insulsa se remite a la obsesión por demostrar quién es más de izquierdas, que ha sido recusada con el reclamo de la condición de “izquierda útil” por parte de la presidenta de la Junta de Andalucía, apoyada en sus aseveraciones de que ella ganaba al Partido Popular por 10 puntos.

No hay reconciliación posible entre Díaz y Sánchez. El que pierda se tendrá que ir a casa

El debate no sentencia nada. Pedro Sánchez, probablemente no ha ganado lo que pretendía. Y Susana Díaz no ha perdido nada de lo que tenía en juego, que era mucho. Pero los dos siguen en la pelea para ganar la secretaría general, que desde luego no será por una gran diferencia.

Quizá la exaltación del victimismo más doméstica la hizo Sánchez en su condición de parado por haber renunciado al acta de diputado. Pero no se ha atrevido a denunciar su dimisión como un golpe de Estado. Algo es algo.

No hay reconciliación posible. El que pierda se tendrá que ir a casa porque hay heridas que no se suturan con ningún tratamiento. Tensa espera hasta el domingo y recuento vigilado de las urnas en una decisión dramática para el PSOE como en ningún momento de su historia.