Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidente del Gobierno español. /EFE

Soraya, el catalán y la fiesta de Sant Jordi

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El soberanismo rechaza que el Gobierno realice iniciativas a favor de la lengua catalana, y por ello critica a Soraya Saénz de Santamaría

Barcelona, 15 de mayo de 2017 (22:21 CET)

El pasado 21 de abril se celebró en Barcelona uno de los actos enmarcados en la petición a la UNESCO de declarar la fiesta de Sant Jordi como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Al acto de Barcelona asistió la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, muy probablemente respondiendo al plan de aumentar su presencia en Barcelona. Está claro que algún representante del Gobierno español debía estar presente puesto que la petición a la UNESCO, lógicamente, tiene el apoyo del Gobierno. La invitación a Madrid fue así cursada al secretario de Estado de Cultura y, si la situación política en Cataluña fuera normal, posiblemente el secretario hubiera asistido y poca gente se hubiera enterado. Pero, en su lugar, vino la vicepresidenta y todos los medios informaron de ello. Soraya llegó con una rosa y regaló un libro a Oriol Junqueras y a otras autoridades institucionales.

La presencia de Soraya apoyando activamente una celebración cultural catalana provocó una curiosa reacción en el Gobierno catalán y en las filas del independentismo en general: su presencia fue repudiada enérgicamente. El diputado del Pdecat en el Congreso, Jordi Xuclà, llegó a decir que el Gobierno viene a Cataluña igual que lo hacían los ministros de Franco y reprochó al Estado “querer hacerse el simpático en Cataluña”. El presidente Puigdemont, por su parte, argumentó que el PP jamás podrá defender la cultura catalana porque no tienen ninguna credibilidad. Twitter también hervía de independentistas airados exigiendo al Gobierno español no mezclarse en nada relacionado con la lengua y la cultura.

La Generalitat quiere que el Gobierno español no haga ni diga nada para tener el monopolio sobre la cultura catalana

La reacción independentista es curiosa por paradójica. Resulta que hace muchos años que escuchamos que el Gobierno español, sea del signo que sea, no muestra respeto por la cultura catalana, la rechaza y quiere acabar con ella. De hecho, este supuesto desprecio al catalán y su cultura es una de las razones para pedir la independencia. Entonces, si así están las cosas, cuando un día el Gobierno español actúa diferente y la cultura catalana es apoyada activa y públicamente ¿no debería reconocerse que, en este caso, el Gobierno ha actuado correctamente? Pues, no. Se recrimina la presencia de la vicepresidenta, se experimenta el que haya venido como una catástrofe y se le exige que no lo vuelva hacer.

Así, ¿en qué quedamos? ¿Qué quiere el Gobierno catalán: que el Gobierno español apoye o que no apoye la cultura catalana? En mi opinión, la Generalitat quiere que el Gobierno español no haga nada ni diga nada. Desea su silencio, silencio que efectivamente ya se da excepto en contadas ocasiones, como el pasado 21 de abril.

De esta manera, si el otro no hace ni dice nada, la Generalitat puede seguir ostentando sin problemas el monopolio que ejerce férreamente sobre el catalán y su cultura. Ellos se han auto-otorgado la posición de ser los únicos intérpretes y valedores de la lengua y la cultura y de ser los únicos que pueden gestionarlas y promocionarlas. Han trabajado incesantemente en crear un imaginario de lengua y cultura maltratadas de igual manera en la dictadura que en la democracia, lo cual ha calado hondo en gran parte de los ciudadanos.

El Gobierno impulsa iniciativas por la lengua y la cultura catalanas, pero no lo dice, se mantiene en silencio

No es extraño que este imaginario haya tenido efecto en Cataluña. Cansados de oír diatribas contra el supuesto desprecio del Estado a la lengua y la cultura, cuando los ciudadanos catalanes miran hacia el otro lado, lo único con que se encuentran es con el silencio. El Estado no dice nada.

No es cierto que el Estado maltrate la lengua y la cultura catalanas. Más bien, los informes del Consejo de Europa coinciden todos en que España cumple con creces sus compromisos con la diversidad lingüística del país. Dos ejemplos: la administración estatal da información oral y escrita en catalán, gallego y euskera, además de español. En el año 2011 la película Pa Negre ganó el Goya a la mejor película del año, una película hecha en catalán. Hay muchos más ejemplos en estas líneas. Así, el Gobierno ya hace por la lengua y cultura catalanas, por supuesto que podría realizar más acciones en su favor, pero el hecho es que ya hace. Pero nunca lo comunica ni lo pone en valor. Tampoco responde a las diatribas independentistas sobre el supuesto desprecio; ni confirma ni desmiente. Sencillamente, deja hacer y decir.

En mi opinión, éste es el problema. El silencio del Gobierno español no es una buena estrategia porque mantiene indefinidamente a la Generalitat como el único actor lingüístico y cultural y otorga carta blanca al imaginario del maltrato. Si, por el contrario, el Gobierno español fuera activo públicamente en su apoyo a la lengua y la cultura catalanas, ,uy probablemente provocaría importantes grietas en el discurso independentista de que vivimos en un Estado que no respeta la diversidad, erosionaría seriamente la posición de monopolio de la Generalitat y proporcionaría argumentos a los ciudadanos para rebatir el imaginario del maltrato.