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Nunca en la historia del PSOE una comisión ejecutiva contó con tan poco respaldo y con tanta uniformidad. Nuevos tiempos, nuevo socialismo

Carlos Carnicero

Pedro Sánchez, nuevo secretario general del PSOE, durante el acto de clausura del Congreso Federal del partido, en Madrid. EFE/Emilio Naranjo

Madrid, 19 de junio de 2017 (09:00 CET)

Patxi López ha quedado para ser la guinda de un pastel que es todo bizcocho, homogéneo, duro y condesado. Sin matices ni sabores. Me he acordado del debate televisivo en donde el político vasco se ofreció ad infinitum con un discurso monocorde para ser la argamasa del PSOE que sellaría las heridas. López ni siquiera se ha molestado en sacar el botiquín, sencillamente ha ocupado una enfermería que no tiene apósitos. Se ha asegurado que no tiene que buscar empleo.

Los disidentes han claudicado, con la excepción de abstenerse en la votación de la investidura. La estrategia de supervivencia de López le ha dado resultado.. Es el único no oficialmente sanchista que está en la ejecutiva.

Pareciera que Pedro Sánchez no había estado. Se ha aliviado de rendir cuentas de su gestión en dos procesos electorales. Ahora tiene las manos libres para dirigir el partido sin incómodos controles orgánicos que permiten la comunión directa entre el líder y los militantes. Permítanme la licencia de recordad que esa es la esencia del populismo.

El líder, el caudillo, no tiene resistencia. Los perdedores se resignan a ser pasados a cuchillo. La ejecución se producirá en los congresos regionales. La integración, en realidad, pura sumisión. Lo tomas o te marchas.

Vayamos por partes.

Ha desaparecido la definición de congreso como máximo órgano de gobierno y del Comité Federal, hasta ahora, máxima autoridad entre congreso y congreso. Ahora deciden los militantes. El líder se reserva el derecho a consultar a las bases cuando los asuntos sean relevantes. El referéndum es el órgano de control sin organismos antepuestos. No se podrá repetir un primero de octubre. El líder está blindado.

El líder, el caudillo, no tiene resistencia. Los perdedores se resignan a ser pasados a cuchillo. La ejecución se producirá en los congresos regionales

El consenso, el entendimiento, la confrontación ha sido estigmatizada en nombre de la eficacia. “Lo único importante es trabajar a gusto”, en palabras de Óscar Puente, nuevo portavoz del partido. Ha habido puestos para casi todos los leales. Margarita Robles, independiente, es la nueva portavoz del grupo parlamentario. Monolitismo político bajo la égida del líder. Cesarismo peronista, apelación a los descamisados del 15-M incluida. No hay contrapoderes.

A cambio, el líder solo consiguió el 70% de adhesiones. Nunca en la historia del PSOE una comisión ejecutiva contó con tan poco respaldo y con tanta uniformidad. Nuevos tiempos, nuevo socialismo. Pero esto es solo el principio.

EL PSOE es de izquierda. Ni siquiera en plural, porque ser de izquierdas dejaría espacio a una cierta pluralidad. Y la izquierda se define por oposición a la derecha, exclusivamente, con un proyecto para crear una mayoría alternativa, no para ganar las elecciones. Blindaje que exime de la obligación de ser la primera fuerza.

Pedro Sánchez ha repartido etiquetas para todos. Hay un secretario de laicidad, de transparencia organizativa, de agricultura, ganadería y pesca y otro solo de pesca. La gestión está estratificada con la sensación de que la dirección política está reservada para el líder absoluto y su sanedrín.

La alusión al PSOE, que es la izquierda, recuerda a la arrogancia de Podemos, que “es la democracia”.  En 140 años de historia, por lo que parece, el PSOE no fue la izquierda. El “no es no” ha sido sustituido por “somos de izquierda” como toda definición de intenciones y declaración de principios.

España es plurinacional, pero la soberanía es de todos los españoles. De momento es una pluralidad de juguete sin efectos políticos ni jurídicos. Una pancarta para contraponer al independentismo. Hasta ahora, nada más. Luego vendrá la reforma de la constitución que tendrá que precisar. Se salva el paso. Se le pone a Podemos en necesidad de precisas entre dos ambigüedades.

En 140 años de historia, por lo que parece, el PSOE no fue la izquierda. El “no es no” ha sido sustituido por “somos de izquierda” como toda definición de intenciones

Pedro Sánchez se ha limitado a ejercer el poder absoluto que le da la aclamación de ocho mil militantes para hacer un discurso que no ha sido ante el plenario del congreso; sino ante los militantes. Atención a los símbolos porque no hay populismo sin liturgia de masas.

Una vez más, el Partido Popular sirve para definir la socialdemocracia por mera contraposición. No se formula un proyecto para ganar adeptos sino para echar al partido corrupto. Manos libres para la acción política, con la definición innovadora de “oposición de Estado” en lugar de “oposición útil”. Nadie se preguntó dónde estaría el PSOE si hubiera habido nuevas elecciones.

Pedro Sánchez ha ganado con toda legitimidad. Tiene cuatro años para activar sus cambios orgánicos y exprimir la concepción de un nuevo partido en donde ya no hay referencias históricas a excepción de los fundadores. Se ha borrado Suresnes, 13 años de gobierno de Felipe González y ocho de Rodríguez Zapatero. Quienes no están de acuerdo con él deben esconderse  o abandonar. Los barones tienen los días contados,

Es una estrategia de un solo cartucho. Se trata de recuperar los votos que se fueron a Podemos sin calibrar el centro político que permitió al PSOE gobernar durante más de veinte años.  La apuesta es fuerte porque abarca un espectro más reducido que se sintetiza en la alusión al 15-M.

Pedro Sánchez tiene un viento de cola que es la insoportable corrupción de un PP que está en final de ciclo. Salvo que muchos electores se pongan más pinzas en la nariz asustados por la connivencia tácita desde la confrontación del PSOE y Podemos. La duda es si Albert Rivera tiene esencia para ocupar los espacios vacíos. Hasta las encuestas favorecen al nuevo socialismo. Lo que venga después está por ver. Se ha cambiado la fórmula que ha permitido al PSOE ciento cuarenta años de historia. Ese lujo no se lo ha permitido la Coca Cola. Por algo será.