Rueguen por el Reino Unido

08 de julio de 2016 (18:08 CET)

Es difícil aceptar la idea de que un hombre que pretende promocionar "los valores británicos" se dirija al Parlamento Europeo con tan mal comportamiento como lo ha hecho Nigel Farage. Puede que seamos inocentes al pensar ahora que alguien en el Parlamento británico sea capaz de construir un buen argumento sobre un tema complejo. Igual, si insistimos en dejar la UE, ¿no podríamos hacerlo de forma más bien educada?

Entre las críticas que han surgido tras la votación, diferentes voces en todo del Reino Unido y Europa han condenado el brexit como una maniobra fundamentalmente anti-democrática. De hecho, aquí en Cataluña, Manel Manchón, director de Economía Digital, pone en tela de juicio el estado del Reino Unido como modelo del idealismo griego, preguntándose si el estrecho margen de votación (52%, 48%), más la falta de algún plan después de la consulta, es "democrático, o un fracaso total como país".

Aunque existen motivos para creer que el referéndum y su resultado son indicaciones de múltiples errores cometidos por todas las partes involucradas, hay que preguntarse si estos fallos se excluyen entre ellos con el proceso democrático. Para utilizar una definición básica, una democracia se define como un sistema en el que los ciudadanos participan en la toma de decisiones colectivas. La magnitud de la cuestión que decidir, y las implicaciones para las personas que se vean afectadas por las acciones relacionadas con ello son, en principio, irrelevantes. Cameron ha planteado el tema y el pueblo ha hablado: quiere salir de la Unión Europea. ¿Por qué entonces hay miles de personas que siguen luchando por firmar la petición que pide un segundo referéndum?

Posiblemente porque la definición de "gente" se ha visto sometida a un gran recorte. Los votos postales para los ciudadanos que residen en el extranjero llegaron tarde, o no llegaron en absoluto; el caos en el transporte público de Londres durante el día 23 impidió que muchos llegaran a los colegios electorales; las enfermeras del NHS trabajando horas extras en un turno de 12 horas no pudieron dejar sus puestos de trabajo para depositar sus papeletas de voto. El hecho de que el referéndum se celebró un jueves en vez de durante un fin de semana dice mucho sobre un país profundamente arraigado en la tradición de controlar los porcentajes de participación en los días de votación. Si vamos a considerar el resultado electoral como el producto de un proceso democrático --y qué decisiones importantes se deben tomar según ésto-- debe ser imperativo tomar en cuenta los factores mencionados.

¿Por qué tanta prisa?

Sin embargo, a pesar de que el brexit no es de ninguna manera jurídicamente vinculante, la UE se muestra ansiosa de aceptar la decisión. La fría respuesta a los débiles intentos por parte de algunos diputados británicos avergonzados para dar pasos atrás ha dejado muy clara la cuestión: Angela Merkel ha declarado que no habrá nada de "prácticas selectivas" con respecto a temas derivados de las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea, como el acceso al mercado único.

Gracias a su posición huraña con respecto a la Unión, el Reino Unido ha forjado de forma habitual unas lagunas que dejan que se beneficie del acuerdo mientras que esquiva no todas, pero muchas de las restricciones europeas. Nunca ha formado parte del espacio Schengen. Se ha quedado con la libra en vez de adoptar el euro. Buscó proteger la legislación laboral británica de las políticas de la UE que hubieran permitido más huelgas a los trabajadores…

Es difícil, además, creer que esta nación que fue en contra del consenso de varios estados miembros para bombardear Irak como le dio la gana, no es nada más que una marioneta indefensa controlada por los hilos corporativos de las instituciones europeas. Durante años, el Reino Unido se ha salido con la suya mientras usaba a Europa como su principal chivo expiatorio, culpándola de todos sus problemas, desde la inmigración a la economía. No es extraño ahora que el profesor pida que el niño problemático se largue del aula.

Quizás no, pero a juzgar por todo el resentimiento y las divisiones que supuestamente han surgido por el referéndum, la consulta ha destacado algunas grietas muy profundas en la Unión Europea. La institución tiene el interés de retratar al brexit como una decisión lamentable, basada en un nacionalismo equivocado. Preferible, sí, que presentarlo como un proyecto político compartido que ha fracasado durante su infancia.

La decisión de establecer una votación binaria sobre una cuestión tan multifacética como ésta traerá duras consecuencias económicas y sociales para el Reino Unido, pero no se puede negar que ambos lados han sufrido una pérdida de prestigio. ¿Debemos considerar la ejecución de un resultado no vinculante como algo "democrático"? Eso es una pregunta diferente. 

El Reino Unido no es racista, pero…

Que un nacionalismo ciego está en la raíz de este dolor de cabeza continental es una narrativa muy popular entre la prensa del Reino Unido y también en la de Europa. Internet proclamó su tristeza e incredulidad colectiva acerca de los abusos y asaltos con motivos raciales que ocurrieron en ciudades en todo el país, con muchos convencidos de que el referéndum "ha dado luz verde para que la gente se comporte así". A riesgo de parecer cínica, ¿estamos verdaderamente tan sorprendidos?

El repentino, y como siempre efímero derroche de hashtags anti-racistas en las redes sociales son tanto una reacción automática al encontrarnos en el centro del foco de atención internacional como una expresión sincera de solidaridad. ¿Graffiti en un centro cultural polaco? Sorprendente, y seguramente nunca ha pasado nada parecido antes. ¿Insultos racistas lanzados en el tranvía? Una realidad penosa que antes no habría recibido tanta atención en los medios. Las tarjetas que dicen "no más parásitos polacos" dejadas en las puertas de las casas de inmigrantes constituyen un acto calculado y totalmente despreciable, pero es algo que ya se había convertido en un hecho cotidiano para familias extranjeras antes de la embestida tóxica de la campaña brexit.

A nadie le gusta escuchar su propia voz en una grabación, pero no ayuda a nadie negar que sonamos así.

No obstante, un discurso más racional a favor del Leave ha empezado emerger en lugares como Doncaster. En este electorado en el norte de Yorkshire, el 69% de la población ha votado para salir de la Unión Europea. Aunque muchos han asegurado que la inmigración fue uno de los factores que tuvo más influencia en su decisión, resulta que no era para nada lo más importante.
La demanda inmensa por el brexit refleja, entre otras cosas, un cambio radical en la percepción del poder: a estas comunidades se les ha devuelto la voz después de que Margaret Thatcher se empeñara en quitársela en los años 80.

Les incomoda que sean percibidos, erróneamente, como ciudadanos en contra de la inmigración o en contra de la burocracia europea. Pero han querido salir de la UE como una oportunidad para hacerse valer.

El hecho de que Gales fue cavando su propia tumba con la votación es indicativo de unas heridas mucho más profundas que cualquiera de las causadas por la burocracia europea: este referéndum era el estertor de muerte después de una enfermedad transmitida hace mucho tiempo por los Tories, y ahora la financiación prometida para el NHS ha desaparecido junto con el señor Farage.

Es difícil para todos los involucrados. Mientras las aguas vuelven a su cauce, los que han votado Remain se preocupan por buscar ascendencia europea con la esperanza de descubrir algún potencial pasaporte valido en la UE.

Los líderes de la campaña ganadora siguen desconcertados por la falta de un plan coherente, en medio de una cascada de dimisiones. Hay murmullos de ambos lados que hacen referencias a "mirar hacia adelante" en esta nueva fase de incertidumbre.

El vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, ha propuesto romper las reglas al ofrecer la doble ciudadanía a los jóvenes pro-europeos: algo que podría marcar un gran cambio en lo que significa ser británico. Lo que es cierto es que no será una cuestión clara.

Esperamos que nuestros vecinos sepan disculpar nuestra grosería al haber presentado el problema en términos tan soeces. Un ruego por el Reino Unido.