Renzi, el valiente: el referéndum sí sirve

03 de diciembre de 2016 (06:00 CET)

Matteo Renzi es el tercer primer ministro italiano que lo es sin pasar por las urnas. Antes lo fueron Mario Monti y Enrico Letta. No hay duda de que eso es una anomalía democrática que no debería producirse en los Estados de derecho. La falta de legitimidad de algunos gobiernos es preocupante, pero de momento parecía que este virus sólo afectaba a las dictaduras tipo China. La paradoja es que ahora a la gente le asusta lo que representa Donald Trump, como a mí, sin que se dé cuenta de que las reglas políticas norteamericanas le impiden extralimitarse.

Renzi es un político reformista que en 1999 se unió al Partido Popular Italiano, el partido que surgió en 1994 de las cenizas de la DC, destruido por el proceso judicial contra la red de corrupción que implicaba a los principales partidos políticos de entonces y a varios grupos empresariales y financieros. Lo impulsó en 1992 el fiscal Antonio Di Pietro y el proceso fue conocido como Mani pulite y le sirvió al propio fiscal como trampolín político hasta su fracaso total en 2013 al frente de la alianza Revolución Civil.

Matteo Renzi acabó en las filas del Partido Democrático, agrupación de centroizquierda que se enfrentó a la derecha de Silvio Berlusconi. En 2004 fue elegido presidente de la provincia de Florencia, con el 58.8% de los votos y el  9 de junio de 2009 fue elegido alcalde de Florencia, encabezando las listas del Partido Democrático, obteniendo el 47.5% de los votos frente al 32% de su rival.

A partir de entonces su ascensión hasta la cima del poder en Italia fue fulgurante, pero llegó a primer ministro en substitución de Letta, quien dimitió el 13 de febrero de 2014 debido al descontento generado dentro del seno de su propio equipo.

Con el referéndum que se celebrará este domingo 4 de diciembre, Renzi busca obtener el apoyo popular que no tuvo cuando el PD lo encumbró a lo alto del poder. Lo que persigue es que los italianos se expresen sobre los cambios políticos que propone, que no son minúsculos. A los que les asustan los referendos, esta iniciativa de Renzi les parece arriesgada, especialmente después de lo que pasó en Gran Bretaña y Colombia con los referéndums respectivos sobre el brexit y el proceso de paz con la FARC.

A los gobernantes españoles les da pavor, pues da alas a los soberanistas catalanes para reclamar el derecho a decidir. El miedo está destruyendo a Europa y a la democracia.

¿Qué se vota en el referéndum de Italia? Pues unos cambios ya aprobados por el Parlamento italiano el pasado abril, a los que el primer ministro ha vinculado su supervivencia política. "Me juego la cara y el puesto"—ha declarado con valentía—, y no le falta razón, puesto que, en total, la reforma propuesta cambiaría 44 de los 137 artículos de la Carta Magna italiana.

La actual constitución fue redactada en 1948, tras la guerra y el ventenio fascista, con la intención de fragmentar el poder público y evitar así el surgimiento de otro dictador como Benito Mussolini. Nunca antes ha sido modificada de forma tan sustancial. Ha llegado el momento y Renzi está en contra del fundamentalismo constitucional que afecta, por ejemplo, a los conservadores y a una buena parte de los socialistas españoles. No digamos el miedo que les dan las urnas a los nacionalistas españolistas de Albert Rivera.

Si en la votación del próximo domingo vence el a la reforma, en Italia dejará de existir el denominado "bicameralismo perfecto". Todos los regímenes políticos bicamerales son conservadores por naturaleza aunque se justifiquen con todo tipo de argumentos garantistas. Lo que incluye al bicameralismo español, impuesto por los continuadores del franquismo.

Si triunfa Renzi, en Italia las Cámaras alta y baja dejarán de tener el mismo rol y competencias que han tenido hasta hoy en día. En concreto, el Senado tendrá 100 senadores, en vez de los 315 actuales, y sólo dispondrá de competencia en leyes que tengan que ver con la Constitución, referéndums populares, sistemas electorales de entes locales, y ratificación de tratados internacionales. Para ratificar este rol territorial, 95 del centenar de senadores serán nominados entre los concejales regionales y comunales; quedando los cinco restantes a designación del propio Presidente.

Quitarle competencias al Senado facilitará la aprobación de leyes por parte del Gobierno, que en la actualidad necesita que ambas cámaras den luz verde a cualquier texto legislativo y modernizará Italia, un país que ha llegado a sumar 63 gobiernos en 70 años de historia republicana. Un desastre de grandes proporciones que se ha llevado por delante a partidos y dirigentes políticos.

Es una reforma necesaria, aunque por desgracia Renzi se servirá del referéndum para disminuir el poder de las regiones, que dejarían de supervisar la energía, las infraestructuras estratégicas y la protección civil. La responsabilidad pasaría al Gobierno central. El problema de toda propuesta reformista es ese, que a menudo los gobernantes aprovechan la ocasión para barrer para casa. La grandeza de una propuesta debe evaluarse, también, leyendo la letra pequeña.

La oposición de los populistas del Movimiento Cinco Estrellas y de la Liga Norte, de la derecha berlusconiana y de la izquierda alternativa, al plan reformista del primer ministro no va por ahí. Su desacuerdo no es sobre la organización del sistema político. Su desacuerdo es más amplio y todos ellos quieren aprovechar el descontento de la mayoría de italianos con Europa para atacar a la UE. Derecha, populistas e izquierdistas quieren que Italia salga de la zona euro. La vía es, según el plan, cargarse al primer ministro que no obtuvo ese cargo en las urnas. Esa es la gran debilidad de Renzi. Con una anomalía democrática se quiere resolver otro déficit democrático.

Según lo que ocurra este domingo, la democracia italiana saldrá perjudicada. Violentar la voluntad popular con la imposición de Mario Monti, el primero de los tres jefes de gobierno impuestos por la UE, ya dio alas a los populistas.

Sumar el fracaso de Renzi en este referendo a lo ocurrido en Gran Bretaña y Colombia, tendría para los populistas el sabor de la miel sobre hojuelas y les daría argumentos para desacreditar a la democracia. Pero también endulzaría el ánimo de los que se unen al griterío endogámico de la España tenebrista, cerrada sobre sí misma, enemiga de la libertad y del progreso, que no deja votar a los catalanes y juzga a sus dirigentes soberanistas.

Renzi es un político valiente. Rajoy, en cambio, es un cobarde que se esconde bajo las faldas del PSOE y Ciudadanos.