PSOE y PSC, divorcio por infidelidad

13 de noviembre de 2016 (06:00 CET)

Hace frío en Madrid y anochece pronto; la ciudad está oscura. Aprovecho para ver a viejos y nuevos amigos. Conseguimos abstraernos de Trump, que no es poco. Hablamos del PSOE.

Alguien recuerda que el lunes se reúnen en Madrid Javier Fernández y Miquel Iceta. Sobre la mesa el futuro de las relaciones entre los dos partidos hermanos, el PSOE y el PSC.

Hay profundidad en las conversaciones. Conseguimos el milagro de que no sea un diálogo de 140 caracteres. El tema no es baladí, ni para el socialismo español ni para el futuro de España.

Hay coincidencias en considerar cínica la posición de Iceta. Como si no hubiera pasado nada, utiliza el trágala como instrumento dialéctico. Pretende que las cosas sigan igual; es decir, participando en los órganos de dirección del PSOE, incluyendo el Congreso, las elecciones primarias para elegir al secretario general, en el Comité Federal y en la Comisión Ejecutiva. A la inversa, el PSOE no tiene voz ni voto en los órganos de dirección del PSC. Es evidentemente una relación asimétrica en la que el PSC tiene todos los derechos y el PSOE solo las obligaciones.

Encima de la mesa está lo ocurrido en la investidura del presidente de Gobierno. El Comité Federal, en el que intervino, participó en el debate y en la votación el líder del PSC, Iceta y los demás miembros que son militantes del PSC, aprobó una moción clara que obligaba a todos los diputados a votar abstención en la investidura. El líder del PSC trasladó el resultado de la votación al Comité Nacional del PSC, que votó en contra de lo decidido en el Comité Federal del PSOE. Y sus diputados votaron 'no', en lugar de abstención en el Congreso de los Diputados. ¿Qué sentido tiene que el PSC participe en los ámbitos de decisión del PSOE si no respeta los resultados?

Después de lo ocurrido, ¿qué dice Iceta? Pues sencillamente que las cosas están bien como están. Puede influir en las decisiones del PSOE pero no se siente concernido con los acuerdos.

Estableciendo una comparación matrimonial, Iceta puede ser infiel, pero exige al PSOE fidelidad absoluta.

El tema es grave. La primera reunión formal en donde se va a analizar esta contradicción –y algunas otras que no son de carácter orgánico, sino político - se producirá el próximo lunes.

Sorprendentemente, en nuestra reunión no hay posiciones viscerales. Me gustan muchas de las intervenciones. La más lúcida señala el coste político de que el PSOE renuncie a tener presencia pública en Cataluña mientras que las decisiones del PSC tienen repercusión política que salpica al PSOE en toda España. Nadie es partidario de despertar una franquicia del PSOE para competir electoralmente en Cataluña, pero este postulado nos lleva a la siguiente cuestión.

¿Puede el PSC decidir sus políticas sin que el PSOE tenga nada que decir?

En las últimas semanas se han producido novedades en estos territorios. Iceta ha lanzado una oferta de pacto electoral para las futuras elecciones con el partido de Ada Colau. Esta disposición ha durado menos de una semana, porque la alcaldesa de Barcelona no sólo no la ha aceptado sino que además la ha despreciado. De entrada, el PSC descarta intentar siquiera ser un partido de gobierno en Cataluña.

El segundo hecho significativo es que Iceta ha lanzado un pronunciamiento claro de que Cataluña es una nación en un Estado plurinacional. Justo la tesis a la que ha llegado Podemos.

¿Qué significa ese pronunciamiento?

Los conceptos políticos no son neutros. En ciencia política se pueden hacer algunos malabarismos hasta que se llega a la inclusión del concepto en el terreno jurídico y constitucional.

El Estado-nación moderno se define por la soberanía de los ciudadanos asentados en ese territorio del que se constituyen en administradores a través de sus representantes. Bajo esos parámetros, la soberanía de una nación la ejercen, porque son sus depositarios, todos sus ciudadanos sin fragmentación posible. No caben soberanías compartidas ni segmentadas.

En la nación española la soberanía es de todos los ciudadanos sobre todos los asuntos que les afectan.

¿Estaría dispuesto el PSC ha comprometerse con esa definición?

Si quieren sentirse como nación, como nación catalana en términos de marketing político, de sentimiento identitario emocional o bajo otros entendimientos que no afecten a la soberanía, no habría problema. El conflicto surge cuando se colocan al otro lado de la línea donde están los que reclaman un llamado derecho a decidir que lleva implícito el reconocimiento de la soberanía de los ciudadanos catalanes sobre Cataluña como nación.

Estamos en un conflicto de naturaleza constitucional que es irresoluble fuera del marco de la Constitución.

Empieza a anochecer y hace frío en la calle.

Antes de disolvernos, un veterano periodista pone el dedo en esta llaga:

Antes se exigía rigor y coherencia en el debate intelectual. Ahora se ha frivolizado la acción política convirtiendo los conceptos en consignas sin contenido político preciso. Por eso se puede llegar al disparate de ser partidario de un Estado federal que sin ser producto de Estados previos reclama fraccionar la soberanía. Lo que ocurre es que ya no hay políticos ni intelectuales que prescindan de razones de oportunidad o conveniencia para mantener principios. Así nos va.

A lo que parece, se le pide al POSE que sea consentido, que mire hacia otro lado para salvar su matrimonio con el PSC. Ser un consentido es un término muy común en Cuba. Un puro matrimonio que ni siquiera es de conveniencia; o por lo menos no lo es para el PSOE, al que se le pide que solamente aguante o consienta.