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Quedará claro que sólo desde la tercera vía se vislumbrará una salida al problema catalán, con un gobierno encerrado en su lógica nacional

Fèlix Riera

Carles Puigdemont y Juan José Brugera, presidente del Círculo de Economía, dialogan sobre la ilegalidad o legitimidad del referéndum, con la tercera vía como posibilidad. EFE-AD

Barcelona, 01 de junio de 2017 (09:55 CET)

¿Qué ocurre cuando, tras dos años escuchando el mismo discurso alrededor del independentismo político, sin modificar ni argumentos, ni el lenguaje ni su calendario, el ciudadano se percata de que, no sólo no ha variado un ápice, sino que se ha vuelto todavía más hermético y compacto?

Ocurre que en el ciudadano se instala un estado de extrañeza y desconcierto en su interior. Es como si el tiempo sigue transcurriendo hacia delante mientras que el tiempo de la política catalana queda estancado. La razón de esta perplejidad colectiva que viven muchos ciudadanos es haber notado que la realidad vivida en los últimos dos años no ha penetrado en el discurso del independentismo, lo que conlleva a percibir un alejamiento de la política con la realidad o una construcción de una realidad paralela adaptada a su discurso.

El Gobierno catalán sigue encerrado en su lógica nacional, más alejada de la lógica social

En la ciudad de Barcelona, durante la pasada semana, se dieron no pocos actos políticos y de la sociedad civil donde se pudo observar el cansancio de una parte de la sociedad al ver cómo el Gobierno catalán sigue encerrado en su lógica nacional, cada vez más alejada de la lógica social del país. La cada vez más dura relación entre el Gobierno Catalán y el Estado Español, en la que siguen ambas partes sin abrir ningún cauce para el diálogo, ha producido un efecto de emboscamiento del procesismo y de una buena parte del independentismo, alejándose todavía más de una futura posible negociación.

Cada vez está más claro que será desde una tercera vía, amplia y superadora de las ideologías encriptadas en la lógica nacional la que deberá crear, desde la centralidad y moderación, las condiciones para vislumbrar una salida.

La pérdida de esta baza del procesismo, ahora ya en manos de la tercera vía, lo sitúa, a su pesar, en la misma senda que el independentismo y reduce, consecuentemente, su espacio político. Es preciso orientarse hacia ese centro moderado y catalanistas que está pidiendo abrirse paso.

Cada vez está más claro que será desde una tercera vía como se vislumbrará una salida

En las próximas semanas veremos hasta qué punto los discursos en favor del independentismo y el procesismo se hacen más porosos y por fin dejan penetrar la realidad, permitiendo modificar algunos de sus postulados más irrenunciables, como son el calendario o el referéndum ilegal. De ser así, muchos de sus objetivos políticos podrán ser reconducidos a través de una nueva agenda política catalana post independentista.

En las próximas semanas, la clave es saber si el Gobierno catalán será capaz de interpretar el cansancio de una buena parte de la sociedad, del mismo modo que sabe interpretar el entusiasmo de esa otra buena parte que lo interpela para que rompa con España