Pablo Iglesias e Irene Montero monopolizan la deconstrucción de Podemos

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La bicefalia entre Iglesias y Montero, con un estilo bronco, deja a Podemos en un segundo plano, y beneficia al PSOE aunque no tenga todavía líder

Carlos Carnicero

Irene Montero, rodeada por Íñigo Errejón y Pablo Iglesias en Vistalegre II. / EFE
Irene Montero, rodeada por Íñigo Errejón y Pablo Iglesias en Vistalegre II. / EFE

Madrid, 29/03/2017 - 21:10h

En los pasillos del Congreso de los Diputados hay muchos chascarrillos sobre el tándem o pareja que forman Pablo Iglesias e Irene Montero. Alusiones comparativas a Juan Domingo Perón, Evita Duarte e, incluso, a María Estela Martínez de Perón, “Isabelita”, la segunda mujer de Perón que también, como Evita, fue la vicepresidenta de la republica con el jefe del Peronismo.

Otros se refieren a Irene Montero como “Yoko Ono”, la todopoderosa mujer, ahora viuda, de John Lennon a la que acusan de haber abducido al mítico miembro de The Beatles.

Alusiones continuas al poder que acumulan Pablo Iglesias y su compañera sentimental desde el último Vistalegre. Lo cierto es que Pablo Iglesias e Irene Montero, números uno y dos del partido, monopolizan en la actualidad las apariciones públicas y parlamentarias del partido. Pocos diputados más tienen protagonismo. Y ambos, por separado, copan los platós de televisión que han menguado mucho en los últimos tiempos.

La desaparición de Iñigo Errejón como número dos del partido y portavoz parlamentario ha tenido consecuencias de marketing y mediáticas. Errejón es un buen parlamentario que se ha quedado sin micrófono. Errejón es una persona cercana y cordial con los periodistas, muy lejos del estilo de quienes ahora controlan el partido. El silencio elocuente de Iñigo Errejón en el asunto del amparo prestado por la Asociación de la Prensa de Madrid a los periodistas que denunciaron acoso y amenazas de líderes de Podemos, ha sido esclarecedor de las diferencias con la tecnología mediática utilizada por los actuales líderes.

Sin Errejón, Podemos está monopolizado por las actuaciones broncas de Iglesias y Montero

Las intervenciones parlamentarias de Errejón, cuando era portavoz, eran rotundas y directas, pero educadas y guardando las formas. Se echan en falta en un Congreso de los Diputados en donde las apariciones de Iglesias y Montero suelen ser broncas, con un lenguaje que tiene que ver poco con la cortesía parlamentaria y a la que algunos diputados del PP califican como intento de convertir la cámara en un circo.

La nueva estrategia parlamentaria de Podemos ha renunciado a la efectividad, a la búsqueda de cambios políticos y legislativos que tengan que ver con objetivos concretos relacionados con la gente a la que dicen querer representar. En la actualidad se sitúan en el ámbito de la provocación y la confrontación directa.

Pablo iglesias llegó a decir que “se la pelaba y se la bufaba” la respuesta del presidente de Gobierno. Llamado al orden por la presidenta del Congreso, la ha tildado de imparcial y de trabajar al servicio del PP. El último rifirrafe de Irene Montero ha sido con la vicepresidenta de Gobierno. Inmediatamente, Pablo Iglesias salió en defensa de su pareja sentimental y número dos del partido.

¿A donde conduce la nueva estrategia política de Podemos?

Sin duda su objetivo prioritario es ocupar la calle, según propias manifestaciones. Y trasladar la política extraparlamentaria a la cámara.

Podemos ha renunciado a la efectividad, al cambio legislativo para ayudar a la gente

El gran beneficiario de estas elección de Podemos es el PSOE, que ocupa sin problema el papel de líder de la Oposición, no solo por el mayor número de diputados sino por su experiencia en la labor parlamentaria, a pesar de ser un partido sin líder e inmerso en una dura batalla de primarias.

Las pocas encuestas electorales que se publican no son significativas. No hay horizonte electoral y por lo tanto ni movilización ni tensión en el electorado. Pero la tendencia que apuntan es que el PSOE se está recuperando lentamente, mientras que Podemos se mantiene estancado con una leve tendencia a la baja.

El aumento de radicalidad en las posiciones de Podemos le puede pasar factura. Las últimas iniciativas no progresan, como la proposición para que deje de ser delito la exaltación o apología del terrorismo. Las fricciones con la prensa, la visita a la cárcel que realizó Pablo Iglesias a Andrés Bódalo, condenado a tres años y medio por agredir a un concejal socialista, también deja huella del amparo que le profesa Podemos a uno de sus miembros condenado en sentencia firme. La posición de Podemos de amparar la agresión a los miembros de la Guardia Civil en Alsasua, como ejercicio de libertad de expresión, también marcan una posición clara.

La gran pregunta que todavía no tiene respuesta es: ¿qué factura le pasará a Podemos su nueva estrategia de confrontación y su nuevo liderazgo populista en la que Pablo Iglesias e Irene Montero, su pareja sentimental, acumulan un modelo presidencialista con bicefalia?