No teman por Sánchez, nadie quiere a los nacionalistas

07 de abril de 2016 (23:00 CET)

Nervios. El PSOE es un partido que desde hace años no tiene un proyecto que ilusione, que sea válido para el conjunto de los españoles, como toda la socialdemocracia europea. Tampoco lo tiene el PP. Pero los populares nunca quisieron destacarse por tener grandes planes. "Defendemos lo que podemos, casi todo y al mismo tiempo", asegura un notable del PP, que se caracteriza por su sentido práctico. El caso es que los socialistas sufrieron un cambio generacional que no han sabido asumir. Y es que, antes del ascenso de Podemos, las clases medias, jóvenes urbanas, las que dinamizan una sociedad, ya se habían pasado al PP. No se explica que en la práctica totalidad de las capitales de provincia hubiera alcaldes del PP, a no ser que se atienda a la imposibilidad del PSOE para ofrecer algo distinto y viable.

Nervios, por tanto. En el seno del PSOE hay diferencias, y cualquier movimiento que haga Pedro Sánchez se entiende como un peligro a las esencias. Ni aproximaciones a Oriol Junqueras, ni entender con empatía lo que explica Miquel Iceta. Nada. Esperar, únicamente, que Podemos se abstenga y ver, después, cómo se podría gobernar.

Esa es la posición del PSOE, pero lo es porque no le queda más remedio, porque la sensatez dicta que no puede dar otro paso. Un partido que ha transformado España, que ha gobernado durante años, no puede asumir los planteamientos de partidos que antes fueron sensatos, pero que ahora no saben cómo rectificar, cómo modificar un rumbo equivocado.

Sánchez no tiene ninguna intención de abrazar al nacionalismo, o, mejor dicho, al soberanismo de Convergència y de Esquerra Republicana. Otra cosa es que pueda sondear qué harían en una nueva votación en el Congreso para asegurar su investidura.

El cambio profundo en España es que los partidos nacionalistas catalanes se han desentendido de todo. No teman por Sánchez, no teman que caiga en la tentación. Los nacionalistas se han autodescartado, aunque puedan abstenerse en su investidura. Lo harán, si llega la ocasión, para buscar, posteriormente, una salida, pero han decidido no jugar una partida en la que, en otras circunstancias, serían decisivos.

Lo que el PSOE trata de conseguir es la construcción de un nuevo centro político, junto a Ciudadanos. Diversos dirigentes socialistas defienden en los últimos días una máxima: "no dejaremos tirados a Ciudadanos, ni podemos ni queremos".

Los partidos nacionalistas suman, entre CDC y ERC, 17 diputados. Constituyen una fuerza considerable, pero nadie los quiere. Deberían demostrar que han asumido la realidad, y que la rectificación es urgente.

Lo explican dirigentes de esos mismos partidos, como Germà Gordó, en el caso de Convergència, que desea impulsar su candidatura a la secretaría general, o Santi Vila.

Por eso, unas nuevas elecciones no serían un drama. Con la actuación de cada uno de los actores implicados, desde las elecciones del 20 de diciembre hasta ahora, los electores podrán tomar nuevas decisiones el 26 de junio. Y los votantes de los partidos nacionalistas catalanes, tal vez, hayan tomado nota de la (no)utilidad de su decisión en las urnas.