Los nuevos sujetos políticos y la lucha de clases

19 de abril de 2016 (16:30 CET)

La espontaneidad que se cultiva en muchos de los nuevos sujetos políticos provoca que en muchos casos se dé una utilización de conceptos que puede comportar fuertes derivadas cuando se aplican en el campo de la política.

Hay toda una serie de conceptos, que actualmente se utilizan, que pretenden ser nuevos y que se usan muchas veces para aparentar la diferenciación entre esta política de los "novísimos" que quiere tener una fuerte diferenciación respecto a una menospreciada supuesta y globalizada "vieja" política.

Vemos que conceptos como el de "militancia" son sustituidos por otros mucho más etéreos como el de "inscritos". Y de aquí se desprende una desconfianza respecto al concepto de organización que comporta todo partido político.

Decía Gramsci que "las ideas no viven sin organización" pero para los nuevos sujetos políticos parece que la palabra organización da un poco de urticaria, puesto que se asimila directamente a burocratización.

La realidad es muy diferente, la organización puede huir de la burocratización y es la garantía del pensamiento no individual sino colectivo y orgánico diferenciado del hiperliderazgo personal o de grupo. Es más fácil que un pensamiento colectivo comporte menos posibilidades de error que un pensamiento individual.

De lo contrario el pensamiento colectivo de partido también es la base de la experiencia política y esto es también aplicable en el campo institucional.

La visión "movimentista", asamblearia y no organizada que está en el origen de los nuevos sujetos políticos les comporta una cierta desconfianza respecto a todo lo preexistente.

Y parece como si fuera necesaria la creación de nuevos conceptos descriptivos, como "los de abajo" y "los de arriba", el de la "gente" y la "casta", mientras rehúyen conceptos claramente definidos como el de derecha e izquierda, el de explotados y explotadores, o como los mismos conceptos de clases y lucha de clases.

La lucha de clases es un concepto marxiano aceptado de forma general por toda la izquierda incluso por sectores de la socialdemocracia digna de este nombre. Pero hoy hay quién pretende utilizar otros conceptos más nuevos como el de "precariado", lo cual lleva a confusiones perversas y que a veces son contradictorias incluso con los objetivos que se pretenden conseguir.

El "precariado" como en otro tiempo el concepto de "mileurista" no son más que conceptos descriptivos. La clase trabajadora es un concepto basado en el lugar que cada cual ocupa en el proceso productivo.

Los trabajadores son aquellos que se ven obligados a vender su fuerza o capacidad de trabajo por un salario a otros que son los que poseen los medios de trabajo o producción y que son los que obtienen los beneficios de la producción.

Dentro de la clase trabajadora hay capas diversas en función de su situación en un momento dado, desde quien está en paro, quien tiene un trabajo precario, quien tiene un trabajo temporal o a tiempo parcial, quien tiene un trabajo como autónomo dependiente de otro, quien tiene un trabajo fijo pero un salario insuficiente y hasta quien en el mejor de los casos tiene un trabajo digno y un salario decente.

Todos ellos componen el conjunto de la clase trabajadora, a pesar de su diversidad de situaciones en un momento dado. Y todos ellos tienen unos intereses comunes frente a aquellos que les expolian el fruto de su trabajo, o, en el caso de los parados, su no trabajo que actúa como factor de rebaja del salario de los que tienen trabajo.

La "vieja" lucha de clases es la lucha entre los que sólo tienen el trabajo como forma de subsistencia y los que tienen el capital que los expolia. Como decía Marx y continúa siendo válido "la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases".

Y los explotadores, los que poseen el capital y los medios de producción, estos a quien hoy se denomina "el 1% que vive a expensas del 99% restante", les interesa dividir a los explotados, y el oligopolio de sus medios de comunicación se afana en publicar y hacer aparecer como contradictorias las diferencias entre los "privilegiados", los que tienen trabajo decente y con derechos, y los pobres parados y precarios que tienen menos derechos.

Y se hace aparecer las organizaciones sindicales como organizaciones corporativas que sólo se preocupan de quienes tienen trabajo estable. Su objetivo es claro: dividir a los que forman parte de un mismo colectivo, la clase trabajadora, diversa y plural pero una sola clase.

Pero hoy algunos de los nuevos sujetos políticos, quizás por desconocimiento, parecen comprar este mensaje y en algunos conflictos, especialmente de los trabajadores públicos, hemos visto como representantes públicos de los nuevos sujetos políticos utilizaban los mismos argumentos contra los trabajadores en lucha que los medios de comunicación de los grandes poderes económicos.

Hay que tener en cuenta los conceptos y tenerlos claros. La clase trabajadora es una y diversa y tiene unos objetivos comunes frente a los poderes económicos espoliadores y explotadores.

Hace falta que los nuevos sujetos políticos vayan comprendiendo que hay que volver a decir las cosas por su nombre, que hay unas clases trabajadoras y populares oprimidas y que hay una clase explotadora que puede actuar políticamente mediante una "casta política", pero que la confrontación básica es la del capital con el trabajo.

Hay que reivindicar ahora una vez más la actualidad de la lucha de clases, y no sólo en el plano estatal sino en el propio ámbito de Europa, y no caer en la trampa de provocar divisiones y luchas dentro de la clase trabajadora, es decir una lucha en la propia clase en base a las diferentes situaciones circunstanciales de sus miembros que nos hagan olvidar donde está el adversario principal: el que explota constantemente al conjunto de toda la clase trabajadora.