El cantautor y diputado de Junts pel sí, Lluís Llach, en una imagen de archivo. EFE/ED/archivo

Llach el ejecutor

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Llach, el autor de 'La gallineta' se convierte en el ejecutor del proceso con sus advertencias a los funcionarios, como si fuera otro tiempo

Barcelona, 25 de abril de 2017 (21:57 CET)

Abro Economía Digital y no doy crédito a lo que leo. La noticia: Lluís Llach a los funcionarios que no desconecten: `Lo pasarán muy mal´. La entrada del texto: “Lluís Llach advierte de que los funcionarios que no acaten las leyes de la desconexión catalana "sufrirán" y serán "sancionados"”. Del texto que ya conocen, transcribo, para deleite y solaz del personal, las siguientes palabras:

"En el momento en que tengamos la ley de transitoriedad jurídica, ésta obligará a todos los funcionarios que trabajan y viven en Cataluña. Y el que no la cumpla será sancionado. Por tanto, se lo tendrán que pensar muy bien. Yo no digo que sea fácil, al revés, muchos de ellos sufrirán. Porque dentro de los Mossos hay sectores que son bastante reacios a lo que estamos haciendo... el día que haya la ley de transitoriedad jurídica, el que no crea será sancionado. ¿Queda claro?...  La gente tendrá que pensar muy seriamente qué actitud tiene ante una legislación catalana y que si llegamos a la independencia le pedirá responsabilidades".

Llach habla de afectos y desafectos al régimen, ¿les suena?

Estoy desolado. ¿Cómo es posible que la cara amable del “proceso”, el melifluo Llach, se haya transformado en Llach el ejecutor? ¿Cómo es posible que Lluís Llach –el de Itaca, L´estaca o La gallineta- amenace al funcionariado? ¿Por ahí se empieza?¿Cómo es posible –ese lenguaje que delata- que use palabras o expresiones como “reacios”, “se lo tendrán que pensar muy bien”, se “pedirán responsabilidades” o “queda claro”? Lluís Llach, si bien se mira, habla en términos de “afectos” y “desafectos” al Régimen. “Afectos” y “desafectos”: ¿les suena?

Y, al respecto, algo debe saber Lluís Llach si tenemos en cuenta que preside la Comisión del Proceso Constituyente. Lluís Llach –ahí reside su mérito- pone letra y música al nacionalismo catalán y a su composición más preciada, el “proceso”. Lluís Llach expresa lo que muchos de sus compatriotas piensan o desean, pero no se atreven -¡valientes!- a decirlo.  Traducción política de la letra y música del “proceso”.

Ese nacionalismo siempre dispuesto a recalentar el ambiente, excitar al ciudadano con sus fantasías, desafiar al Estado para conseguir determinadas ventajas de índole política, económica, simbólica y psicológica.

Llach expresa lo que muchos compatriotas, 'valientes', no se atreven a decir

Un nacionalismo castizo -una  afirmación heráldica narcisista- que divide a la ciudadanía, que inventa y prescribe la realidad, que excluye y margina, que apela a la emoción, que fustiga sistemáticamente a un supuesto enemigo exterior siempre al acecho, que promueve la movilización social en beneficio de una ficción, que manifiesta una concepción neopatrimonialista de Cataluña, que extranjeriza a los ciudadanos.

Un nacionalismo pretencioso y redentor que muestra su displicencia ante la legalidad democrática, que incumple las sentencias de los Altos Tribunales, que ahoga la capacidad de pensar en beneficio del unanimismo sentimental, que construye un régimen, que señala y marca toda disidencia, que genera creyentes.

Que Llach escuche 'La estaca', se mire al espejo y no me tome el pelo

Un nacionalismo que fomenta la engañosa ilusión de un futuro mejor al alcance de la mano, que usa y abusa del victimismo, ventajista, que complica los problemas en lugar de solucionarlos, que pervierte el sentido de la democracia cuando habla del “derecho a decidir” o del “mandato democrático”, que tergiversa el derecho internacional para hacer creer que Cataluña tiene derecho a la autodeterminación y que una Cataluña independiente formaría parte de la Unión Europea.

Un nacionalismo que propicia la evaluación intuitiva en clave binaria que distingue lo propio de lo impropio y deslinda los buenos de lo malos. “Todos los demás son culpables, salvo yo”, escribió Céline.

Lluís Llach en concierto. Y la Generalitat, ¿qué dice? Según leo, fuentes oficiales, que no desmienten a Lluís Llach, aseguran que “el Govern ya ha dejado claro que se garantizará en todo momento la seguridad jurídica del proceso mediante los marcos legales que impulse el parlamento”. A estos equilibristas –doble discurso- se les entiende todo. Ya lo dijo Hannah Arendt: cinismo y política van de la mano. 

Escúchate cantar La estaca. Mírate al espejo y pregúntate a quién te pareces.  Y no me vuelvas a tomar el pelo con el cuento de Itaca. –Miquel Porta Perales es autor de Totalismo, publicado por ED Libros.