El 'sufrimiento' que anuncia Llach y el engaño como arma

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Lluís Llach dice que los funcionarios sufrirán cuando deban asumir la ley catalana, pero no hay dos leyes o dos legitimidades para defender el independentismo

Manel Manchón

Miles de personas en el Arco del Triunfo de Barcelona, con motivo de la Diada de Cataluña. EFE/Quique García
Miles de personas en el Arco del Triunfo de Barcelona, con motivo de la Diada de Cataluña. EFE/Quique García

Barcelona, 26 de abril de 2017 (12:03 CET)

Los dirigentes políticos deben ser extremadamente cuidadosos con el lenguaje. Lo explicó Victor Klemperer en LTI, un impactante libro que debería estar en las mesillas de noche de todos los cargos con responsabilidad política.

El soberanismo en Cataluña ha pecado en la utilización de expresiones, de proclamas, que sólo han conseguido confundir a una parte importante de la sociedad catalana, que sí ha confiado en los dirigentes independentistas, y que sí han creído que la independencia de Catalunya se lograría en dos días.

¿En qué esquema mental se mueve Llach para hablar de sufrimiento?

Lluís Llach ha traspasado la línea, aunque se haya limitado a repetir una consigna: si se aprueba un conjunto de leyes en el Parlamento de Cataluña, todos los ciudadanos, y, por supuesto los funcionarios, se deberán someter a esa legalidad.

Hasta ahí no hay ningún problema. Cuando se aprueba una ley, le guste o no a una parte de la sociedad, es de obligado cumplimiento. Lo que ocurre, y ese es el engaño, es que un parlamento autonómico no puede aprobar lo que desee, aunque tenga una mayoría absoluta para ello.

Al margen de que existen mayorías cualificadas para reformar determinadas leyes, --dos terceras partes para aprobar una reforma del Estatut-- la actuación del Parlament emana de la Constitución y del propio Estatut de Cataluña.

Y el soberanismo juega y engaña a los ciudadanos con la supuesta existencia de dos legitimidades, o, peor, con la idea de que existe el valor de la democracia por encima de la ley vigente. Y que todo lo que realiza es democrático, y, en cambio, el gobierno español practica una democracia de “baja calidad” por no permitir el derecho de autodeterminación de Cataluña.

No hay dos legitimidades, la ley catalana y la española. Es un engaño

Pero las cosas se agravan con determinadas expresiones. Llach señala que algunos funcionarios “sufrirán” con el cambio de la ley, pero que deberán obedecer. Y se pregunta, “¿queda claro?” El término “sufrimiento” es lo preocupante. ¿En qué esquema mental se mueve Lluís Llach?

Nadie pone en duda su gran carrera profesional, su compromiso con la democracia, cuando muchos otros no lo mostraban. Nadie duda de la belleza de sus composiciones. Y por eso, también, surge la pregunta: ¿Por qué un artista tan importante y de tanta calidad apuesta por ese posicionamiento, que divide a la sociedad catalana? ¿Por qué ese activismo sin pensar un momento en el engaño que supone? ¿No piensa Llach en la cantidad de personas en Cataluña que aman sus canciones, y que no son independentistas?

El lenguaje es esencial. No se puede hablar de “sufrimiento”, de que a quien no le guste que se apañe. Principalmente porque todo el movimiento supone un enorme engaño a la sociedad catalana.

Los votantes de Junts pel Sí también son responsables por haberse dejado engañar

Un argumento, de algunos independentistas, es que ahora no se puede dejar en la estacada a los votantes soberanistas, a los que confiaron en Junts pel Sí. Que se deben a ello, porque han votado y han defendido esa opción independentista. De acuerdo, pero no se puede defender el proyecto con la idea de que todos deberán optar entre la ley catalana o la ley española.

De hecho, son los votantes de Junts pel Sí, del Pdecat y de ERC los que deberían pasar cuentas ya a sus responsables políticos por haberles engañado. Y, de hecho, ellos mismos, esos mismos votantes, deberían asumir y reflexionar sobre por qué se han dejado engañar.

Porque los votantes también son responsables de sus actos.