La violencia en Dallas estremece a EEUU

08 de julio de 2016 (18:49 CET)

La emboscada a la policía ayer por la noche que se encontraba vigilando la protesta pacífica contra la violencia policial ha estremecido al país. Cinco agentes han muerto y seis están heridos tras haber sido disparados en un asalto preparado y planeado con premeditación. Uno de los sospechosos estaba tan armado que se le caían las municiones del bolsillo. Por ahora, uno de los asaltantes ha fallecido tras la detonación de una bomba robot y tres están bajo custodia policial.

La ciudadanía está en estado de shock, tanto en los pequeños pueblos como en las grandes metrópolis estadounidenses, ya que se considera que es la mayor tragedia para la policía desde los ataques del 11S en Nueva York. Cabe mencionar que el asaltante fallecido declaró no tener afiliación específica, pero que estaba preocupado por motivos raciales. Hasta el momento no se ha revelado la afiliación de los sospechosos bajo custodia, una información imprescindible para determinar si la emboscada sólo ha sido un acto de terrorismo interno o si existe una vertiente internacional.

El trasfondo de estos ataques es importante, ya que ha ocurrido durante la noche de las protestas, la mayoría de ellas pacíficas, en Dallas, Minnesota y alrededor del país, a raíz de los recientes asesinatos de ciudadanos Afro-americanos en circunstancias nada favorecedoras para la policía.

Una de las víctimas, Philando Castile, un joven negro que iba en coche con su novia y la hijita de la misma en su automóvil, fue detenido en Minnesota por un incidente de tráfico menor este miércoles, por que llevaba una ventana rota. El agente que lo detuvo le disparó en frente de su novia y la menor, cuando estaba sentado en su vehículo, sin haber agredido al agente. Las imágenes desgarradoras han dado vuelta al mundo, así como la valentía de la pequeña, que consolaba a su madre en estado de shock.

La violencia y el racismo son el lado oscuro de nuestro país. La comunidad Afro-americana se siente y se ha sentido marginada desde la incepción misma del país. Hoy por hoy, el 30% de la población penitenciaria es Afro-americana, aunque sólo representan el 13% de la población del país. De forma progresiva, han salido a la luz condenas a inocentes, mayormente de raza negra, que tras años de detención injusta son liberados tras la revisión de sus expedientes.

Bien se ha dicho que la justicia es verdad en acción. También es cierto que la violencia engendra más violencia. Ya es hora de que recapacitemos sobre quiénes somos los norteamericanos, y de que dejemos a un lado nuestras diferencias étnicas en pos de la paz común.