La resistencia de la América blanca

09 de noviembre de 2016 (08:00 CET)

Lo que ha estado en juego en estas elecciones, aunque la agria disputa y la división se mantendrá, tras la victoria de Trump, es el fin de la supremacía blanca, que, sin embargo, ha resistido, mostrando todavía toda su fuerza.

Donald Trump ha logrado identificarse con los norteamericanos blancos que creían que todo continuaría igual en Estados Unidos, con un mensaje populista, descarnado e irresponsable. Con la competencia por los puestos de trabajo, los trabajadores blancos que tienen miedo al cambio, han apostado por Trump, porque les decía lo que querían escuchar: el libre comercio es una amenaza, los inmigrantes nos invaden, basta ya de intervenir en el mundo con la excusa de que se defienden los valores de la democracia, y en Washington sólo hay políticos corruptos que abusan del pueblo.

La bronca se mantendrá. El pais se ha partido en dos. Pero esa parte de la población norteamericana, que se siente perdedora, y que tiene argumentos para decir claramente que las elites –representadas en Hillary Clinton-- miran para ellas mismas, deberá aceptar un hecho irrevocable: el cambio demográfico, que supo ver Obama –por razones evidentes-- y que conoce y ha potenciado Clinton, pero no le ha sido suficiente con el empuje de los latinos.

En 2011 ocurrió lo inexorable. Por primera vez, nacieron más niños y niñas pertenecientes a minorías que bebés blancos. En poco tiempo, la mayoría de la población infantil pertenecerá a minorías raciales, como hispanos, negros, asiáticos o de otras poblaciones no blancas.

Alrededor de los próximos 30 años, los blancos en Estados Unidos constituirán una minoría con respecto al total de la población. Y en los próximos 40 años, esas minorías ahora superarán el doble de su tamaño actual. Los demógrafos aseguran que en algún momento, después de 2040, no habrá ninguna mayoría racial en el país, por lo que se podrá considerar a Estados Unidos como el gran país multirracial.

A pesar de que se ha especulado mucho con ello en los últimos decenios, sobre la imposibilidad de que la población negra, o afroamericana, se integrara y ascendiera en la sociedad norteamericana, lo cierto es que fueron los impedimentos a la total integración los que posibilitaron el ascenso continuo de la mayoría blanca. Hasta que ya no ha sido posible. Y los obreros blancos han caído en el abandono y en el lamento.

Lo explica el profesor Fredrick C.Harris en sus trabajos –el consultado, en La Vanguardia Dossier, número 62-- al señalar que las hipotecas a bajo interés subsidiadas por el gobierno acabaron contribuyendo a crear exclusivamente barrios blancos, que fueron negadas a los negros, confinados en guetos urbanos y sin poder generar riqueza mediante el patrimonio inmobiliario, a partir de los años 40 del pasado siglo. Otros casos similares, con el acceso a la educación y a las escuelas técnicas, potenciarían ese dominio de la mayoría blanca que se fue estrechando con el paso de los años, hasta la actualidad. Vivieron con un régimen --si lo trasladamos al mundo económico-- proteccionista, frente a la competencia de las minorías, siguiendo a Harris

Lo que ha ocurrido en Estados Unidos es que esa parte de la población percibe que pasaron sus mejores años, mientras que las minorías, esperanzadas cuando accedió Obama a la presidencia, consideran que lo mejor de sus vidas está por llegar.

Y en esas apareció Trump, ligando su suerte a esa mayoría blanca, que ya no lo es tanto, y que ha decidido resistir al máximo

Gobernar para todos, ese es el reto de Trump, y de todos los gobernantes que logran la victoria después de enormes disputas internas. El peligro es que Trump quiera mantener encendida esa llama, y se produzca un auténtico incendio en Estados Unidos y el mundo.