La política, entre la espada y la pared

23 de junio de 2016 (01:00 CET)

Un político de mirada alejada de lo inmediato de la coyuntura política y que reposa sus reflexiones en el conocimiento de su propia experiencia me explica lo siguiente: toda vez que te encuentras entre la espada y la pared debes siempre elegir la pared, pues uno puede, con esfuerzos, llegar a escalarla y escapar. La otra opción, quedarse frente a la espada, es suicida y sin esperanza de salir airoso. Me pareció una observación obvia, clara y necesaria.

Me hizo pensar en que muchas veces la política elige la espada y no la pared. El frío metal, luminoso, espejo de nuestro pánico, fascina como el sonajero de una serpiente cascabel. El hechizo por avanzar hacia el abismo de nuestras pasiones es más fuerte que elegir lo que más nos conviene. En esas estamos en la política española y nuestras inacabables elecciones, cuando observamos a todos los partidos resistirse entre la espada y la pared.

Sin embargo, aun cuando enfrentarse a la espada conduce a un  heroísmo  inútil, sigue produciendo placer en algunos. Es el caso de Rajoy, que sigue persiguiendo un nuevo triunfo electoral, estéril como un desierto, para liderar la gran coalición. Una gran coalición que sólo se dará si él no es presidente.

También es el caso de Podemos, que cree poder dominar su naturaleza múltiple, sus múltiples brazos políticos, como si fuera la diosa Kali del hinduismo. Los brazos de la marea de Barcelona en comú i Compromís, que se mueve buscando regeneración y destrucción. O como la hidra de Lerna, con sus múltiples cabezas pensadoras.

Por otro lado, Iglesias cree que domina a la criatura marina, que la ha amaestrado, cuando ésta está esperando un error para comerse a su domesticador. Es la espada de Susana Díaz sobre el cuello de Pedro Sánchez, impidiendo que pueda saltar la pared y escapar a sus ansias de poder.

Todos los dirigentes políticos parecen estar sólo preocupados en demostrar que son capaces de enfrentarse a las espadas cuando ansían saltar la pared. Ya lo decía Rafael Barret: "La verdad no se demuestra. Se sueña. Sólo se demuestra la mentira". La mentira es declarar que habrá pactos con unos y no con otros. La mentira es señalar las líneas rojas que no cruzaremos. La mentira es mostrar nuestro patriotismo. La mentira hacia nosotros mismos que nos acerca a la espada, que nos hace creer que podemos derrotar nuestras debilidades.

En este clima político, que evoca el aire enfermo que  trae el viento del siroco a la decadente Venecia, es en el que nos encontramos. Líderes políticos situados entre la espada y la pared. Lo que hoy observamos en estas elecciones son líderes políticos con miedo a cometer un error que los aleje de la pared, mientras nos quieren hacer creer que luchan contra molinos de viento. La única verdad de la que no deberíamos despertar.