Incumplimiento de la ley, barbarie y patriotismo

25 de enero de 2017 (05:00 CET)

En la madrugada del pasado 22 de enero, una joven de 19 años sufrió una brutal agresión de una manada de jóvenes –uno no tan joven, tenía 39 años- en la puerta del Pub La boca del lobo, en la ciudad de Murcia.

Puñetazos, patadas y pisotones fue la tecnología de media docena de encapuchados, uno de ellos, mujer, que llevaron a cabo este acto salvaje sin que ninguna de las personas que pasaban por la calle hiciera el menor intento de impedir la brutal paliza.

Hay noticias de que los atacantes eran de extrema izquierda y que la joven fue objeto de la agresión por razones políticas –se habla de que llevaba una pulsera con la bandera de España-. Todos ellos iban encapuchados y salieron corriendo cuando consideraron que la brutalidad había sido la adecuada.

Hay también noticia de la detención de siete presuntos autores, cuatro de los cuales quedaron inmediatamente en libertad.

Ignoro el criterio de la fiscalía y del juez de guardia. La paliza causó daños en el abdomen y en el cuerpo de la joven. Bien pudiera considerarse, a la vista de las imágenes del vídeo grabado por una persona que presenció los hechos, que hubo un intento de homicidio, porque a la vista de la bestialidad y contundencia de los golpes y patadas, los daños pudieron haber sido mucho mayores. Naturalmente, a los delitos relacionados con la agresión habría que sumar el agravante de odio.

En los medios de comunicación que he consultado no se facilitan los nombres de los agresores. En algunos hay iniciales. ¿Por qué no podemos saber su identidad? Si en mi mano estuviera, publicaría las fotos de los rostros de los agresores, para que la pena que les pueda corresponder –dudo mucho que sea severa- esté acompañada por el público escarnio que se merece su barbarie.

¿Qué está pasando en nuestro país cuando empiezan a ser frecuentes actos de agresión en manada, que perpetran violaciones en grupo, agresiones a miembros de las fuerzas de seguridad fuera de servicio y acompañados de sus familias o sucesos como el que estoy relatando?

La violencia de estas características es el grado máximo de intolerancia. La agresión al diferente se aplica por diferentes ideas políticas, por homofobia o sencillamente para practicar la violación en grupo hacia mujeres que no tienen la mínima posibilidad de defenderse.

Ante repetición de actos de estas naturalezas, casi siempre perpetrados por varones jóvenes, deberíamos hacer una revisión de los valores que se imparten en nuestro sistema educativo. Y también de la respuesta penal ante este tipo de actos.

Educación y castigo son las respuestas que necesitamos. Educación para prevenir con el bagaje de los valores de la democracia, el respeto y la tolerancia; acciones penales ejemplarizantes para que no salgan baratas estas conductas y adviertan a quienes tengan la tentación de la barbarie.

No tengo constancia fehaciente de si efectivamente la víctima llevaba pulsera con la bandera de España. Pero en el supuesto que sea así, también habría que reflexionar sobre el grado de odio que puede desatar portar una bandera nacional, que es un acto cotidiano en todos los países de nuestro entorno.

Independientemente de situaciones políticas concretas, como la recurrente quema de banderas españolas en actos políticos independentistas, en Cataluña, actuaciones sustentadas en el odio a lo español, tenemos un problema identitario con la Constitución, la bandera y el concepto mismo de patriotismo.

No hay ningún país en nuestro entorno que tenga sin resolver un concepto de esta naturaleza.

Me atrevo a introducirme en un terreno polémico. ¿Por qué el secesionismo necesita el ultraje a los valores constitucionales y a sus símbolos para sostener sus pretensiones? Podrían limitarse a sostener sus tesis sin necesidad de injuriar símbolos y valores que son importantes, esenciales, para muchos ciudadanos.

Las perversiones primigenias están en impulsar el incumplimiento de la ley, incluso desde instituciones propias del Estado, sin que se les caiga la cara de vergüenza a quienes apadrinan el desacato a la ley como metodología política que pretenden legítima y honorable.

Promover el incumplimiento de la ley en una sociedad democrática y estado de derecho es la antesala del fascismo. Si los representantes del Estado en Cataluña sostienen sus acciones en ese incumplimiento de la ley, el paso siguiente puede ser quemar los símbolos de los demás y, llevado al extremo, agredir a quienes los portan. El desafío a la ley desde instituciones del Estado es en sí mismo una invitación a la barbarie, porque fuera de la ley no hay democracia.

Los españoles, los que sentimos que lo somos y estamos identificados con un patriotismo constitucional, tenemos que estudiar el problema de desapego de muchos ciudadanos con esa realidad que es exigible a todo ciudadano con su país, con sus instituciones y con los símbolos que sintetizan la grandeza de la Constitución y el aprecio de un estado de derecho.

En cada agresión de naturaleza política está el germen de una confrontación civil. Da igual si lo que se quema es una bandera española o una catalana; si se agrede al diferente por ser de derechas o de izquierdas.

La democracia se sustenta en la ley para hacer posible la convivencia.

Estas reflexiones son una invitación a dar respuestas contundentes a los intolerantes. A despreciar profundamente a quien hace del incumplimiento de la ley su modus vivendi.

Una invitación a la ejemplaridad en la utilización de la justicia para que todas estas conductas tengan la respuesta proporcional a los hechos, adecuada para que la ejemplaridad sea una herramienta útil. Hubo un tiempo en que se pedía dar publicidad a la identidad de los maltratadores de género. Quiero pena de portada para los bárbaros y quiero que quede claro que quien incumple y promueve incumplir la ley no tiene apellido político respetable. Son, sencillamente, anti demócratas.