Los sindicatos y la impotencia ante la globalización

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El proceso de globalización ha permitido el aumento de la mano de obra mundial, pero sólo en Europa se han perdido cuatro millones de empleos

Imagen de la protesta que organizó en Dhaka la Federación de Trabajadores de la Industria Textil de Bangladesh

Barcelona, 25 de abril de 2017 (13:50 CET)

El sindicalismo es muy consciente de los retos de la actual globalización financiera muy vinculada al desarrollo de las nuevas tecnologías y que ha sido efectuada sin las mínimas normas de regulación. Ello ha comportado unas consecuencias muy desiguales entre el capital y el trabajo.

La globalización neoliberal ha permitido articular procesos de acumulación del capital internacional hasta niveles nunca vistos, mientras que ha tenido un resultado muy desigual y globalmente negativo para el conjunto de la clase trabajadora. La globalización ha provocado procesos de deslocalizaciones desde los países desarrollados hacia países emergentes o poco desarrollados.

Y ha tenido consecuencias diferentes en unos y otros, pero ha sido un proceso que ha incrementado en su conjunto la desigualdad global.

La globalización ha comportado una acumulacón de capital internacional nunca visto 

No se puede negar que la globalización ha comportado el aumento del conjunto de la mano de obra global. Pero este crecimiento ha sido desigual puesto que el conjunto de la mano de obra ha crecido en más de doscientos millones en todo el mundo, pero a la vez ha disminuido sólo en Europa casi cuatro millones.

Hay que decir que este proceso ha permitido la reducción de forma importante de la pobreza extrema en el mundo, es decir la de las personas que consiguen ganar 1,9 dólares/día. La reducción se ha producido tanto en términos absolutos como relativos y se ha dado incluso en los momentos de mayor intensidad de la crisis.

A pesar de ello debemos subrayar que esta salida de la pobreza extrema en países poco desarrollados significa sólo esto, salir de la pobreza extrema, pero en ningún caso salir de niveles muy bajos de renta, puesto que los niveles de precariedad y pobreza continúan, sin la existencia de ningún nivel de cobertura ni protección social, todo ello ayudado también por la carencia de facilidades para el desarrollo de un sindicalismo que permita articular el movimiento reivindicativo necesario para mejorar y consolidar las bases mínimas aceptables para garantizar un trabajo y unas condiciones de vida futuras mínimamente dignas.

Por otro lado, la globalización sin reglas ha golpeado de forma grave las bases que sustentaban la calidad de vida de la clase trabajadora en los países desarrollados, especialmente a partir de la crisis económico-financiera del 2008. Es decir que en el caso de los países desarrollados lo que se percibe es un incremento de la desigualdad y una pérdida de la cantidad y calidad del trabajo.

Se ha reducido la pobreza extrema en todo el momento, pero la precariedad se extiende

El problema más grave es que sectores de la clase trabajadora, especialmente los más débiles y formados fundamentalmente por personas con niveles de cualificación y formación más bajos, observan cómo se deslocalizan sus empresas y se sienten desprotegidos y con un fuerte riesgo de caer en la pobreza y en la exclusión social. Hay que añadir a todo esto la competencia que encuentran en las personas inmigrantes.

Estos sectores afectados directamente por la crisis económica y por las políticas antisociales, regresivas y recortadoras de derechos sociales y laborales, llevadas a cabo tanto por la UE, como por sus poderes nacionales, han sido muchos veces sensibles a los cantos de sirena y a los llamamientos a la defensa del proteccionismo y del rechazo antieuropeo que plantean partidos populistas de ideología ultranacionalista y xenófoba.

Unos partidos que defienden volver al proteccionismo más radical, al cierre de fronteras y a la exclusión de los diferentes, especialmente los inmigrantes antiguos o nuevos. Todo ello sin tener en cuenta la realidad de una globalización que es preciso embridar, pero que es imposible realizarlo desde un único país solo y aislado.

El movimiento sindical tiene que plantear una alternativa global a nivel mundial que pase para tratar de limitar los efectos negativos de la actual globalización sin reglas. Y lo primero que debe hacer es señalar claramente los responsables y culpables de la actual situación: los grandes grupos industriales y financieros que han acumulado beneficios multimillonarios incalculables apropiándose de las rentas del crecimiento de la economía mundial y de la mayor parte de las plusvalías del trabajo.

El movimiento sindical ha de levantar con fuerza una alternativa para establecer otro modelo de globalización, con reglas consensuadas y adaptables a la diversidad de los países, instaurando acuerdos e instituciones de gobierno internacionales que potencien formas de cooperación internacional y de relación económica y financiera más transparentes y que ofrezcan garantías de protección, de trabajo y vida dignas, en el proceso de mundialización. 

Los sindicatos pueden ayudar a la instauración de acuerdos de gobierno internacionales

Y esto también pasa por la construcción de potentes unidades políticas, sociales y económicas democráticas como podría ser una UE reformada capaz de imponer normas de conducta a los poderes de los mercados globalizados.

El movimiento sindical tiene que plantearse una estrategia de actuación dual, en los países desarrollados potenciando por un lado un sector industrial de alta productividad especialmente en nuevos sectores y con modelos muy relacionados con una economía sostenible, y a la vez demandar un incremento del trabajo en los sectores públicos de la sanidad, educación, servicios sociales, etc. que precisan de un volumen importante en mano de obra intensiva puesto que su objetivo no se mide en productividad sino en una mejora del servicio que se ofrece.

En cuanto a los países emergentes o en vías de desarrollo se tiene que presionar tanto desde los propios países como sobre las empresas matrices multinacionales para lograr el establecimiento de normas laborales básicas que permitan incrementar los niveles de vida y la salida de la pobreza, a partir del respeto a los derechos laborales y sindicales y fomentando el establecimiento de sistemas de protección social que permitan un desarrollo social de la población en paralelo al desarrollo económico.

A pesar de lo que algunos piensan y desean el movimiento sindical global, internacionalista y solidario es hoy más necesario que nunca para la lucha por un trabajo digno para todos y para conseguir un desarrollo más justo y sostenible que es lo que el planeta precisa.