Rajoy ofrece a Puigdemont que debata su propuesta independentista en el Congreso. EFE/Mariscal

Franco murió en la cama y el PP sigue encamado

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La ley de memoria histórica no satisfizo ni a las asociaciones memorialistas y disgustó a los herederos de la dictadura, el PP, partido fundado por franquistas

Agustí Colomines

Rajoy ofrece a Puigdemont que debata su propuesta independentista en el Congreso. EFE/Mariscal

Barcelona, 13 de mayo de 2017 (07:55 CET)

Les voy a contar una historia. El curso 2014-15 lo pasé en parte en Boston invitado por la profesora Liah Greenfeld. Una tarde de un sábado primaveral estaba paseando en Cambridge por Harvard Square y pasé por delante de una elegante sombrerería, Goorin Bros., en el 43 Brattle Street. En el escaparate vi una gorra que me gustó y entré para probármela. Resultó que el dependiente era un joven norteamericano, que rondaba los 30 años y andaba vestido al estilo retro, incluyendo una bonita pajarita a rayas, de acuerdo con el aspecto de época que tenía la tienda.

Compré la gorra y cuando fui a pagar, el chico me preguntó si yo era español y le dije que no, lo que es bastante habitual entre aquellos que nos sentimos otra cosa en España. Le dije: -soy catalán. Y él me contestó: -yo también, pero como usted tengo pasaporte español. Me quedé helado, porque aquel chico me estaba contando su vida en inglés, pues no hablaba catalán, ni por supuesto español, y no había cruzado el charco en su vida. ¿Cuál era el truco? No caí en la solución del enigma hasta que él mismo me contó el porqué.

Su bisabuelo era Josep Calvet i Móra, nacido en Argentona el 3 de julio de 1891 y fallecido en Bogotá, donde se exilió después de la Guerra Civil, el primero de noviembre de 1950, a los 59 años. Sus tres hijos, ya fallecidos, se casaron con tres colombianas, y los seis finalmente recalaron en Nueva York, donde nacieron algunos de sus hijos y mi ahora joven amigo, Nick Huertas Calvet, biznieto de quien fuera alcalde de Argentona, diputado en las Cortes republicanas, secretario general de la Unió de Rabassaires, el sindicato agrario catalán, y finalmente diputado del Parlamento de Cataluña y consejero de Agricultura entre 1936 y 1939.

En Bogotá está enterrado en el mismo cementerio que otro consejero republicano, el aranés Josep M. España (1879-1953), responsable de la cartera de Gobernación con Companys, cargo que le sirvió para salvar a mucha gente de la ira de los incontrolados, hasta que en setiembre de 1936 él mismo tuvo que exiliarse.

Dije que no era español, algo habitual entre aquellos que nos sentimos otra cosa en España

Nick consiguió el pasaporte español gracias a la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, popularmente conocida como Ley de Memoria Histórica, por la que se reconocían y ampliaban derechos y se establecían medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura, con la intención de restaurar la dignidad de quienes fueron perseguidos o padecieron exilio debido al alzamiento militar de Franco y su posterior dictadura.

Esa ley fue muy controvertida, porque no satisfizo a las asociaciones memorialistas que la impulsaron, especialmente en las cuestiones relacionadas con la apertura de las fosas comunes, la simbología franquista o la reconversión del Valle de los caídos, santuario franquista por antonomasia, y disgustó a los herederos de la dictadura, el PP, un partido fundado por ministros de Franco para sobrevivir en el nuevo contexto democrático.

Franco murió en la cama y el PP sigue reivindicando su memoria, aunque sea a media luz y con argucias pseudodemocráticas. Sucedió el pasado martes por la tarde en el Congreso de los Diputados con motivo de la proposición no de ley, presentada por el PSOE, que prevé exhumar el cadáver del dictador Franco y sacarlo del Valle de los Caídos.

La ponente del PP era Alicia Sánchez-Camacho, la antigua presidenta de ese partido en Catalunya e hija de un comandante de la Guardia Civil, quien en el fragor del debate osó afirmar que mover al dictador Francisco Franco de su tumba en el Valle de los Caídos era romper el pacto constitucional. ¡Caramba!

Las estupideces políticas deberían estar sancionadas, pues a menudo provocan daños irreparables, y ofenden.

Sánchez Camacho ha llegado a decir que mover a Franco sería romper el pacto constitucional

Menos Sánchez Camacho, todo el mundo sabe qué es el Valle de los Caídos. Allí se conservan los despojos de 33.847 personas, trasladadas a partir de 1958, cuando varios camiones comenzaron a llevar restos de combatientes del ejército nacional, pero también del republicano, hasta el gran mausoleo franquista en Cuelgamuros (Madrid).

Queralt Solé i Bajau lo explicó en un libro imprescindible, Els morts clandestins. Les fosses comunes de la Guerra Civil a Catalunya, 1936-1939 (Editorial Afers, 2008), que debería leer la diputada del PP pero también el indocumentado diputado socialista, David Pérez, para paliar sus comentarios xenófobos en una tertulia de Catalunya Ràdio opinando que ERC impidió la apertura de las fosas comunes en Cataluña “porque demostraría que son gente de España que defendieron Catalunya”. A menudo PP y PSOE son como dos gotas de agua.

El oportunismo del PSOE al reclamar mediante una proposición no de ley lo que hubiese podido resolver con la ley del 2007 está, pues, descontado, porque los socialistas llevan años dando tumbos sin ton ni son y su propuesta obliga políticamente pero no jurídicamente al Ejecutivo.

Los neo franquistas siguen en el Gobierno gracias al PSOE y Ciudadanos, y provocan insomnio

La actitud del PP es, en cambio, inadmisible desde el punto de vista democrático. Su origen franquista le pesa tanto como la losa que cubre la tumba del dictador en el Valle de los Caídos. Su intolerancia, disfrazada de rigor constitucionalista, da asco, pues le sirve tanto para preservar el Valle de los Caídos y dejar allí los restos mortales de Franco y José Antonio, el jefe del fascismo español, como para afirmar que la unidad de España impide no solo votar a los catalanes sino incluso pedir permiso al gobierno de España para hacer un referéndum. Lo dicho, esos neo franquistas, que siguen en el gobierno gracias al PSOE y Ciudadanos, provocan insomnio.

Mi amigo Nick consiguió su pasaporte español, que todavía no ha usado, porque la Ley de Memoria Histórica dispuso que los hijos y nietos de exiliados, y por lo que se ve también los biznietos, podían adquirir la nacionalidad española. Está claro que Nick no es español ni sentía la necesidad que el Gobierno de España le facilitase un pasaporte, lo que él y su familia desean es que los restos mortales del patriarca de la familia, Josep Calvet, puedan volver a su querido pueblo del Maresme y descansar en paz.

Algunos amigos catalanes y colombianos, con Aurora Madaula y Catalina Velásquez al frente, estamos intentando encontrar su tumba en Bogotá, pues se perdió su rastro. Mientras tanto, vamos a intentar que por lo menos la Generalitat ponga una placa en el cementerio donde yacen dos de sus consejeros.