Pintada en una casa de Iturmendi, el mismo día que ETA comunicaba la ubicación de ocho arsenales. / EFE-JD

La performance de ETA y el Estado de derecho

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La paz llega porque ETA fue derrotada por el Estado de derecho, y no porque la organización terrorista pretenda erigirse en la abanderada de la paz

Miquel Porta Perales

Pintada en una casa de Iturmendi, el mismo día que ETA comunicaba la ubicación de ocho arsenales. / EFE-JD

Barcelona, 10 de abril de 2017 (05:00 CET)

Resulta que ETA, a través de la llamada Comisión Internacional de Verificación, informa de los ocho depósitos de armas y explosivos que la banda terrorista tiene escondidos en el sur de Francia.

Un anuncio precedido por un comunicado en el cual ETA dice que “tomamos las armas por el pueblo vasco y ahora las dejamos en sus manos, para seguir avanzando dando pasos al objeto de lograr la paz y la libertad de nuestro pueblo, porque para avanzar en la agenda de soluciones hay que adquirir compromisos." ¿Cabe mayor cinismo?

Cínica y sacrificada, la banda afirma que “ha sido un camino duro y difícil, debido a que los Estados español y francés han puesto todos los obstáculos y problemas posibles, empecinados en el esquema de vencedores y vencidos, enrocados en la vía policial”.

El cinismo que no cesa: “por suerte, la sociedad civil dio un paso al frente, y ha realizado, al asumir la responsabilidad política y técnica del desarme, una aportación determinante para desatascar la situación de bloqueo que llevaba camino de enquistarse”.

Finalmente, más cinismo: “el `día del desarme´ será mañana [sábado 8 de abril 2017], y por eso debemos aún advertir de que el mismo puede sufrir ataques de los enemigos de la paz. La única garantía para seguir avanzando es la de los miles de personas que se reunirán mañana en la ciudad de Bayona en apoyo del desarme”.

ETA ha realizado la gran metamorfosis: de criminales en acción a pacifistas en acción

Un texto antológico en que la “organización desarmada” ETA se presenta como impulsora de la paz, como príncipe y garante de la paz y la libertad del pueblo, frente a los Estados español y francés. Y por ello, la banda terrorista, con la colaboración de la sociedad civil, se compromete por la paz frente a los enemigos de la paz. ¿Quizá ETA pretende ser un nuevo instituto de resolución pacífica de los conflictos? La gran metamorfosis: de criminales en acción a pacifistas en acción.

Hablando de textos antológicos, ahí tenemos el manifiesto leído en Bayona. ¿Qué significa que la “entrega de las armas hace posible conseguir la paz, pero no es la paz en sí misma? ¡Uf! ¿Qué significa que “entre todos tenemos que hacer una paz justa y verdadera”? ¡Uf! ¿Qué significa que no se “pervertirá la historia en beneficio propio”? ¡Uf!

¿Y qué quiere decir Arnaldo Otegui –al parecer, el príncipe de la paz por excelencia- cuando habla de la “desmilitarización del país”? ¡Uf!

Que una banda terrorista entregue el arsenal -¿lo ha entregado todo? ¿ha entregado incluso las armas con las que se cometieron los más de 300 asesinatos no resueltos por la Justicia? ¿Lo ha entregado antes de que la policía francesa y española lo incautara en su totalidad?- es positivo. Pero, ¿hay que confiar en esta organización cuyas únicas herramienta han sido las armas, los explosivos, los detonadores, las bombas lapa, las pistolas, los subfusiles y los rifles? Y la amenaza, la extorsión, el crimen. La paz del cementerio.

Hay que reconocer que la paz no llega en virtud de la buena predisposición de la banda terrorista

Y ahora, ¿qué?

La performance propagandística de ETA no debe ni puede ocultar el hecho de que la banda terrorista entrega el arsenal, porque ha sido derrotada por el Estado de derecho y la democracia.

En consecuencia, hay que reconocer que la paz no llega en virtud de la buena predisposición de la banda terrorista y la generosa entrega del arsenal a esas blancas palomas –algunas bien maquilladas- de los “artesanos de la paz” o los “portavoces de la sociedad civil”.

El relato de ETA no puede ser asumido por la democracia porque es falso y tramposo

La paz llega gracias al Estado de derecho y es el Estado de derecho, y no ETA, quien la garantiza.  Por lo demás, la performance propagandística de ETA no legitima –eso es lo que anda buscando- a posteriori el terror. El relato de ETA no puede ni debe ser asumido por la democracia. Porque, es falso. Porque, es tramposo.

La democracia no debe ceder a la falsificación terrorista. El Estado de derecho, la democracia y los demócratas no deben colaborar, ni en la ocultación de la derrota de la banda, ni en el blanqueo de la banda y sus presuntas terminales políticas.

La banda terrorista ETA ha sido derrotada por el Estado de derecho, por la democracia, por la represión policial, por la acción de la Justicia, por la Ley de partidos, por los partidos políticos democráticos, por los movimientos sociales democráticos, por la resistencia ciudadana democrática, así como por los políticos, jueces, policías, guardias civiles, ertzainas, mossos, jueces, fiscales, intelectuales y ciudadanos que plantaron cara a la banda arriesgando en ello su vida. Ese es el relato verdadero que tanto inquieta a ETA y compañía.

ETA debe disolverse sin escenificaciones legitimadoras y sin ninguna contraprestación. ¿Los delitos pendientes? No a la impunidad. Que se investiguen y que la Justicia establezca las responsabilidades que correspondan. Y bienvenidos sean los arrepentidos que colaboren con la Justicia.

¿La política penitenciaria? ¿El acercamiento de presos y las excarcelaciones? El cumplimiento de la ley vigente en cada momento. Al respecto, me permito recordar que la dispersión de los presos ha sido avalada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo.

ETA debe disolverse sin escenificaciones legitimadoras y sin ninguna contraprestación

Y que nadie le diga al Estado y al gobierno que no molesten o que estén a la altura de las circunstancias. No molestar y estar a la altura de las circunstancias implica el cumplimiento de la ley, la deslegitimación del discurso terrorista, y el reconocimiento de la dignidad de las víctimas.

Y, finalmente, ahí está el Preámbulo de la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo (29/2011), aprobada con un amplio consenso parlamentario: “El uso mismo de la violencia para imponer ideas en democracia envenena definitivamente éstas y convierte, medios y fines, en un todo incompatible con la libertad, el pluralismo y la democracia”.