Estupor por los fallos de seguridad en el corazón político de Europa

22 de marzo de 2016 (20:00 CET)

La indignación y el pánico han estado acompañados por la sorpresa. Tres días después de la detención de uno de los cerebros del atentado de París, Salah Abdeslam, después de unas intensas redadas policiales que localizaron pisos con armas y explosivos, casi nadie podía imaginarse que el yihadismo fuera capaz de atentar en dos de los lugares más vigilados de Europa, el aeropuerto de Zaventem y el metro Maelbeek que da servicio a los edificios de las instituciones europeas.

Bélgica tiene un 6% de población musulmana; muchos ellos, belgas de primera y segunda generación. En Bruselas se concentran el 25% de la totalidad de musulmanes del país. Y dentro de la capital, el barrio de Molenbeek, es donde existe mayor concentración. La población musulmana representa el 40% de los 95.000 habitantes. El desempleo aquí es del 30% y del 40% entre los jóvenes.

Los atentados de París pusieron en evidencia la importancia de Molenbeek en el entramado yihadista europeo hasta el punto de que el primer ministro belga, el liberal Charles Michel, reconoció en televisión tan sólo 24 horas después de los ataques de París, que "Bélgica tiene un problema gigantesco con Molenbeek… cada vez que sucede algo relacionado con el terrorismo islamista tiene su origen allí".

Salah Abdeslam, en búsqueda desde hace cuatro meses como uno de los responsables de los atentados de París, se ha podido mover y permanecer oculto sin ser detectado hasta hace unos pocos días. Los investigadores están desconcertados con la capacidad de realizar los atentados del aeropuerto y de la estación de metro cercana al Parlamento, que es utilizada todos los días por los funcionarios del Parlamento, la Comisión y el Consejo europeo.

Bruselas tiene 1,2 millones de residentes. La ciudad está dividida en 19 distritos y su seguridad debe estar garantizada por la policía nacional belga. Por razones desconocidas, está dividida en seis autoridades policiales independientes, generando una estructura sobre cuya eficacia hay serias dudas. Los dos objetivos terroristas de Bruselas tienen extremadas medidas de precaución.

Cientos de cámaras y la presencia de efectivos del Ejército hacen más increíble la vulnerabilidad de estos sitios estratégicos. Y sin embargo, una hora después de los ataques en el aeropuerto, los terroristas pudieron activar las bombas en el metro. A pesar de la enorme prudencia sobre la eficacia de la policía y los servicios de inteligencia belgas, existe entre los expertos la creencia de que hay enormes lagunas que, sin duda, habrán contribuido a que no se hayan podido detectar a los autores de los atentados antes de llevarlos a cabo.

Inmediatamente después de los atentados de París, que dejaron una vez más clara la conexión del yihadismo con la capital de Bélgica, los colegios, el metro y las universidades cerraron durante cuatro días en un estado de emergencia que sacó al Ejército a las calles. Y desde entonces, los habitantes de Bruselas se han acostumbrado a ver militares con armas de guerra patrullando por sus calles. La alerta antiterrorista el día del atentado era de nivel tres, de los cuatro que tiene la escala de seguridad en Bélgica. No se entiende días después de la detención de Salah Abdeslam, cuando prácticamente seguían abiertas las operaciones.

Los atentados han estado sucedidos de una gran sensación de caos en la capital belga. Las autoridades han aconsejado a la población que se quedaran encerrados en sus casas o lugares de trabajo y las calles estaban ocupadas solamente por contingentes militares. Es pronto para evaluar los fallos de seguridad. Pero hay una enorme preocupación por la vulnerabilidad de lugares que en teoría eran objetivo prioritario de atentados en el corazón político y administrativo de Europa.

Bélgica sigue siendo el lugar de Europa donde es más fácil y rápido comprar armas y explosivos. Un rifle de asalto Kalashnikov cuesta apenas 1.000 euros. Y circulan con toda facilidad, muchos de ellos procedentes de la guerra de los Balcanes. El tráfico de yihadistas combatientes hacia Siria y Libia está constatado por los servicios de inteligencia, que conocen desde hace tiempo el potencial del yihadismo en la capital de Europa. Los atentados de París demostraron lo fácil que es la frontera entre Francia y Bélgica para los terroristas.

Incluso se sabe que Salah Abdeslam pasó un control sin que fuera detectado al día siguiente de los atentados de París y durante cuatro meses no ha sido localizado. En los próximos días, los servicios de inteligencia de todos los países europeos van a analizar minuciosamente las circunstancias que han hecho posible este atentado. Y con toda la discreción de la diplomacia, los responsables de inteligencia y seguridad de Bélgica van a tener que dar explicaciones sobre los defectos de su funcionamiento.