Presión o convicción: España se hace alemana

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España tiene superávit con el exterior y aumenta la demanda interna, algo nunca visto, sea por convicción o por la presión de Bruselas

Manel Manchón

Luis de Guindos, junto al ministro holandés de Finanzas y presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloemm
Luis de Guindos, junto al ministro holandés de Finanzas y presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloemm

Barcelona, 10/04/2017 - 05:00h

El modelo productivo de España no ha cambiado en los últimos años. Pero eso no implica que se hayan adquirido prácticas muy diferentes. España, aunque le pese al presidente del Eurogrupo, el holandés protestante Jeroen Dijsselbloem, se ha encaminado hacia un modelo propio de Alemania.

¿Es una exageración? El movimiento independentista en Cataluña ha basado su proyecto en la potencia de la economía catalana frente al modelo supuestamente anquilosado de la economía española. Pero la realidad es muy diferente a esa visión, aunque gracias, claro, a la contribución de muchas empresas catalanas.

Sin embargo, la administración central también ha hecho los deberes. En todos los años de crisis, desde 2007, las cosas han cambiado mucho. Puede ocurrir que sea circunstancial o que España se dirija, sin dudarlo más, hacia un modelo basado en un sector exterior potente, en un crecimiento de la demanda que no va en perjuicio del déficit, cuando lo que ocurría hasta ahora era que ese aumento se traducía siempre en un incremento de las importaciones, generando déficit con el exterior.

El sector exterior de España ha tenido un superávit del 2% de media en los últimos cinco años

¿Qué ha pasado? El superávit con el exterior ha sido, de media, entre 2012 y 2017, del 2%. Se debe recordar que en todos los años de crecimiento, justo antes de la crisis, el déficit con el exterior fue enorme, llegando a su límite, en 2007, al 10%. Es decir, se vivía, ciertamente, muy por encima de las posibilidades que generaba el país, porque se recurría al déficit, gracias al ahorro, traducido en préstamos, de los bancos extranjeros.

Ese déficit se cubría con el endeudamiento, y los bancos alemanes y franceses, en su mayoría, prestaban esos recursos alegremente. Eso también hay que decirlo, porque cuando se presta de esa manera también se debe ser consciente de los riesgos que se corren.

Lo que ha ocurrido, por tanto, es que se ha dado la vuelta como un calcetín a la economía española. En los presupuestos de 2017, el Gobierno ha situado el crecimiento del PIB en el 2,5%. La ecuación es realmente sorprendente, si se compara con el pasado inmediato de España: crece la demanda interna, crecen las exportaciones, y se logra un superávit exterior. ¿Eso no es Alemania? No, es España. Aunque, ciertamente, se beneficia de un viento de cola, como los tipos de interés bajos, o el precio del petróleo.

Todo esto tiene una cara B, y se debe señalar. España ha ganado competitividad, y lo ha hecho como se puede hacer: con un devaluación salarial. Hasta el ingreso en el euro se hacía con devaluaciones de la moneda. Para que tengamos claro la experiencia vivida, se debe recordar que España siempre devaluaba la peseta cuando el déficit exterior pasaba del 3%. ¡Y llegó a ser, como se ha dicho, del 10% en 2007!

El modelo de España ahora se encamina al alemán, y el tema es si sabrá mantenerlo

La devaluación de la moneda afecta a todos por igual. La devaluación salarial, en cambio, no ha sido igual para todos los sectores. Y eso se debe compensar ahora, cuando las cosas han comenzado a mejorar, como lo señala la misma CEOE.

El debate es si ese cambio en el patrón de la economía española se ha debido a la interiorización propia del problema, o se debe a la presión europea. Se verá en los próximos años.

El economista Josep Oliver, al que se le ha tildado de pro alemán en estos años, sostiene que gracias a la Europa alemana, a que la canciller Angela Merkel, no ha querido ceder a las peticiones de los países del sur, España ha tenido que hacer los deberes. Otros, como Antón Costas, expresidente del Círculo de Economía, ve mucho más mérito en el comportamiento propio del tejido empresarial, y del conjunto de los ciudadanos españoles, que han sabido demostrar que el problema de España es, en muchas ocasiones, su falta de autoestima.

Los economistas más duros con España señalan que es gracias a Bruselas, que ha obligado a cambiar el modelo

Otros, como Juan María Nin, exvicepresidente de Caixabank y consejero de Societé Générale, se sitúan en un punto medio y creen que España todavía debe resolver su gran problema de deuda pública, y la necesidad de dar salida al futuro laboral de las generaciones más jóvenes.

De todo esto deberíamos debatir, pero hay que decir también que España ha dado un salto importante, y que, si lo mantiene, podrá abordar esa Europa a dos velocidades que sería, de hecho, la salvación de la Unión Europa, ubicada en el pelotón de los mejores.

De todo esto deberíamos debatir, pero hay que decir también que España ha dado un salto importante, y que, si lo mantiene, podrá abordar esa Europa a dos velocidades que sería, de hecho, la salvación de la Unión Europa, ubicada en el pelotón de los mejores.