¿Es el PSOE regenerable?

27 de octubre de 2016 (23:02 CET)

Es la pregunta. ¿Es el PSOE regenerable? Creo que la respuesta es que difícilmente el PSOE se podrá recuperar de la actual crisis. Después del "golpe de estado" de los barones hay una profunda, --y creo que difícil de recuperar--, división interna.

División dentro de la propia organización y sus cuadros. División entre la militancia, los votantes y los "barones". División también geográfica entre el norte, donde la organización ve la necesidad de cambiar si quiere continuar siendo una fuerza con futuro ( Cataluña, Baleares, Navarra, Euskadi, Cantabria, Castilla-León, La Rioja o incluso Madrid y Murcia), y el sur en especial Andalucía donde manda el social-peronismo de las ayudas sociales y el voto cautivo, por el momento.

División entre las comunidades más dinámicas y las más atrasadas. La situación es de difícil solución especialmente si el sector más duro pretende castigar a los más rebeldes, lo cual todavía fomentaría una división mayor. El PSOE corre el riesgo de acabar en la irrelevancia política y las posibilidades de regeneración son muy difíciles. Hay que tener en cuenta el peso decisivo de los sectores más retardatarios encabezados por la organización andaluza y su líder Susana Díaz, una persona que cómo otros no conoce ninguna vida fuera de la organización donde empezó a trabajar a los 18 años a la Junta de Andalucía.

El PSOE sólo podría tener futuro si optara por un profundo proceso de regeneración y de recuperación de sus esencias socialdemócratas, un proceso a lo Corbyn que aquí es altamente improbable.

Una de las personalidades del PSOE que podría liderar esta alternativa por la brillantez de sus ideas, para ser una persona con una ideología inequívocamente socialdemócrata, por su coherencia, su capacidad y claridad de exposición de lo que le hace falta al PSOE sería Josep Borrell.

Pero es difícil que Borrell que ya conoce bastante bien lo que es el aparato del partido quiera embarcarse de nuevo, a su edad, en una aventura de esta envergadura y con final incierto. Borrell ya ganó una vez unas primarias contra Almunia y fue descabalgado con malas artes por el aparato del partido, y él mismo fue sancionado para votar en el Parlamento europeo contra la directiva de la "Vergüenza", y no le dejaron repetir en las listas electorales europeas.

Borrell conoce bastante bien su partido y sabe que el problema no es ganar unas primarias sino cambiar un aparato anquilosado, un "pesebre" de muchos cuadros que defienden a muerte su "status". Es por eso que no parece creíble que Borrell se plantee de nuevo una aventura de este tipo. Y por la misma razón, ni con Borrell ni con ningún otro se ve demasiado posible la regeneración lo que sitúa el PSOE en la vía de una fuerza en proceso de decadencia.

Porque la crisis interna es demostrativa de esto, de su decadencia, derivada del hecho de que hay quien pone por encima de todo su supervivencia y el mantenimiento de su poder interno antes de las promesas electorales y de la opinión de la mayoría de sus militantes y simpatizantes. La utilización de las armas más arteras para conseguir el resultado que desean y la indecencia de la conspiración hecha a plena luz del día del día y aplaudida por la mayoría de los poderes fácticos y mediáticos del país y por la derecha política son síntomas de decadencia de un partido que se llama de izquierdas y representante de valores.

Pedro Sánchez era un dirigente de capacidad discutible y que evidentemente no representaba la regeneración del partido, pero el solo hecho de querer aplicar una política propia le valió la oposición, primero escondida, del aparato que lo metió en una ecuación política imposible de cumplir a partir de encomendarle: "No a Rajoy, No a elecciones y No a pactar con Podemos".

Y estos mismos después lo acusan de haber llevado al partido a un "cul de sac". Y entonces vienen las palabras grandilocuentes "primero España", y los mensajes catastrofistas "las terceras elecciones darán al PP la mayoría absoluta", mensajes impropios de dirigentes de un partido que tenga un mínimo de dignidad.

Hoy el PSOE se encuentra en un callejón de difícil salida, o regeneración o decadencia. Y ya hemos visto que la regeneración es prácticamente imposible con un aparato que se opone (ahora veremos si el futuro congreso se atrasa como todo parece "at calendas graecas"). Y sin regeneración el PSOE dejará de aparecer como una alternativa y ni siquiera como una alternancia, y lo más probable es que se enfrente a un futuro de decadencia similar a la del PASOK griego.

Y la situación es grave, no sólo para el PSOE, para sus militantes y votantes sino para el conjunto de la izquierda que ve como la posibilidad de alternativa a la derecha se desvanece. Actualmente no hay ninguna posibilidad de alternativa a la derecha sin una amplía alianza desde el centro izquierda hasta la izquierda en este país. Y esta situación no cambiará ni a corto ni a medio plazo.

Por tanto la preocupación debe afectar a toda la gente progresista, porque el camino tomado por la nueva dirección del PSOE lleva a una hegemonía de la derecha por mucho tiempo y no es lo que la sociedad precisa sino todo lo contrario.

Y el revulsivo y la esperanza no vendrán de ningún profeta sino de una reorganización profunda de toda la gente progresista, una parte importante de la cual se siente hoy huérfana de referencias.