¿El PSOE, hacia el suicidio político?

10 de junio de 2016 (18:00 CET)

No hay ninguna duda que el PSOE afronta estas elecciones políticas desde una posición muy crítica y de extrema fragilidad. El resultado de las elecciones puede ser un punto y aparte en la reciente historia de los socialistas. Hasta ahora siempre se han presentado como la alternativa útil de la izquierda que esta vez pueden perder y si no ponen remedio por mucho tiempo.

La historia reciente del PSOE se puede centrar en la asunción del poder y en una renovación inicial de las estructuras del país después  de la transición. Pero desde aquella primera época y las ilusiones que generó a su situación actual hay una larga etapa de intensa degeneración en su práctica política.

La misma que se puede ver reflejada en la evolución del que fue su líder, y todavía parece serlo en espíritu, Felipe González. Quien ayer lucía pana hoy es una figura incluso de la élite del establishment, del sector más conservador de la casta política y económica que domina el país.

Su evolución es similar a la del diario más representativo de la progresía de los 80, El País, que ha sufrido una fuerte involución en sus ideas, paralela a la evolución personal de su primer director y ahora primer directivo Juan Luis Cebrián. Los que en su momento fueron factores de progreso ahora no son más que elementos que retrasan las posibilidades del progreso.

Poco queda de socialdemócrata en el PSOE, su retórica siempre se contradice con su realidad. Un partido hoy debilitado, dividido, con una conspiradora en la sombra que aún no ha demostrado nada de su valía política, simplemente que es la más firme seguidora de la peor herencia populista de González y Guerra. Hemos visto como la Sra. Díaz conspira abiertamente con otros barones regionales contra su cabeza de filas, Pedro Sánchez. Y esto le comporta a Sánchez efectuar un discurso inconsistente y contradictorio difícil de defender.

En esta campaña Sánchez afirma ser la alternativa de la izquierda pero no dice cómo ni con quién. Niega cualquier posibilidad de acuerdo con Unidos Podemos y las confluencias, lo cual hace imposible un gobierno de cambio. Es incapaz de definir cómo puede articular un Gobierno de cambio en solitario o con la derecha. Incluso se negó a un acuerdo de candidaturas de izquierdas al Senado para acabar con el dominio del PP --un acuerdo que incluso defendió sin éxito Ximo Puig, presidente de la Generalitat Valenciana.

Su programa no presenta ninguna alternativa clara de cambio. No hay una alternativa para Europa, no son creíbles sus propuestas después del acuerdo con C's y ni siquiera se compromete a la derogación de la Reforma Laboral del PP. En su acuerdo con C's, Sánchez demostró toda su debilidad y, lo que es más grave, la carencia de convicciones de su partido, y ahora la sombra de la corrupción le aparece por Andalucía involucrando a Chávez y Griñán.

El PSOE no está dispuesto a enfrentarse con los poderes de la UE para impedir unas políticas erradas y nefastas. Es incapaz incluso de reconocer el error de la modificación del artículo 135 de la Constitución que fue aprobado con nocturnidad por el PSOE y el PP. Incluso ya empieza a correr el rumor de que antes de que pactar con Unidos Podemos el PSOE se puede plantear dejar gobernar el PP y C's.

El PSOE hoy ya no es un partido socialdemócrata, no tiene ninguna voluntad de transformar la sociedad; como máximo poner algunos parches superficiales. No se trata de que sea un partido rupturista, sino que no es ni siquiera un partido reformista. El social liberalismo de la tercera vía de Blair o Renzi conquistó la médula del PSOE, junto con el poder peronista que ejerce con los sectores más retardatarios en Andalucía o los grupos más castizos y centralistas de Madrid.

Lamentablemente dentro del PSOE no se ve ninguna voz de cambio. Hoy lo más avanzado son la gente ya medio retirada como el propio Zapatero, y, esto a pesar de su reforma constitucional, o como Camaño o incluso Borrell. Parece como si hoy el PSOE fuera un partido férreamente dirigido con unos cuadros vinculados cada vez más al pesebre del cargo. En estas condiciones quizás le vendría bien una derrota electoral que o lo hiciera reaccionar o lo llevara a formar parte de la historia.

No estaría de más que el PSOE volviera a releer los clásicos como Marx o a gente más moderna como Owen Jones, y a la vez que pusiera más atención a lo que le pasa a la sociedad. Es decir a los problemas y las necesidades de la ciudadanía.

Actualmente el PSOE no pasa la prueba del algodón que podríamos situar en las 20 actuaciones urgentes para el progreso y el bienestar social, medidas reclamadas por los sindicatos confederales CCOO y UGT. Como dijo el secretario general de CCOO "las soluciones a los problemas de la gente no pueden esperar más". El programa del PSOE no puede compararse en sus parámetros con las exigencias sindicales que serían imprescindibles para un programa mínimo del conjunto de las fuerzas de progreso en los ámbitos económicos y sociales.

Ser la alternativa de la izquierda no puede ser ni un cargo vitalicio ni hereditario. Representará a la clase trabajadora y las clases populares de este país quien más se acerque con sus propuestas a sus necesidades y esto y el espíritu de ilusión social y de cambio no están hoy depositados en el PSOE sino en las nuevas fuerzas emergentes y cooperativamente confluyentes.

Al PSOE en estos momento sólo le quedan dos opciones: a) apostar por el cambio, y unirse a las fuerzas de izquierdas y progreso de Unidos Podemos y hacer avanzar este cambio hacia un modelo social más justo, o b) jugar un papel de oposición a las fuerzas del cambio y por lo tanto favorable a los deseos de la clase y las élites privilegiadas del país.

Sería muy importante un cambio radical en la actual posición del PSOE, que incluso compartiría buena parte de su electorado, y sería fundamental para conseguir un camino sin duda más seguro para un cambio real en nuestro país. Una unidad que podría permitir un gobierno de las clases populares más fuerte dentro y fuera del país. Creo que el paso dado en el Ayuntamiento de Barcelona es un paso en esta buena dirección, como lo es el Gobierno de la Generalitat Valenciana.

En caso contrario el futuro del PSOE es muy difícil y puede recordar al del PASOK griego. Auto-engañarse, la carencia de ideario claro, la debilidad organizativa, la carencia de debate de ideas, las luchas internas por el poder y el alejamiento de la gente llevan al camino del suicidio político.