Carles Puigdemont (en el centro) podrá mantener en secreto las agendas de reuniones de sus consejeros. EFE/Toni Albir

El independentismo va en contra de la democracia

stop

Junts pel Sí y la CUP burlan los procedimientos parlamentarios con la intención de poner la directa hacia la independencia sin respetar las leyes

Manel Manchón

Carles Puigdemont (en el centro) podrá mantener en secreto las agendas de reuniones de sus consejeros. EFE/Toni Albir

Barcelona, 12 de mayo de 2017 (07:19 CET)

Esto va de democracia, aseguran los dirigentes independentistas. Pero, un segundo después, obstruyen los procedimientos democráticos en el Parlament y dejan a la oposición con la palabra en la boca. La última muestra se produjo este jueves. Junts pel Sí y la CUP, con diez votos frente a nueve, rechazaron las comparecencias que habían pedido los grupos de la oposición para recabar asesoramiento jurídico sobre la reforma del reglamento del Parlament, que el independentismo ha acelerado para poder votar –cuando le convenga—la ley de transitoriedad jurídica o ley de ‘desconexión’ que debe amparar el referéndum de autodeterminación.

Tanto Junts pel Sí como la CUP consideran que no es necesario, que ya está todo dicho, y que los juristas solicitados, catedráticos de derecho constitucional, como Joan Vintró o Xavier Arbós, no iban a aportar nada a lo ya conocido. El argumento fue que la oposición lo único que desea es entorpecer esa reforma, y, claro, el soberanismo tiene prisa y no tolerará más maniobras dilatorias.

Ya no hay maquillaje de ninguna clase. El soberanismo ha puesto la directa, con la idea de que la democracia le ampara, con el supuesto de que existe una legitimidad, la que dan los votos y una mayoría en la cámara –que es menor a los dos tercios que exige, por ejemplo, una reforma del Estatut—que está por encima de la Constitución y de la ‘interpretación’ que de ella hace el Gobierno central.

El independentismo no puede tachar a todo el que no comulga con sus ideas de antidemócrata

Una buena parte de la sociedad catalana cree que esa es la vía, que los que no son demócratas son los que se oponen a su proyecto, porque el independentismo lo único que hace es leer la voluntad del pueblo.

Pero lo que está ocurriendo es que se burlan los procedimientos parlamentarios. La decisión de este jueves se une al ‘cierre’ contundente de la comisión de investigación sobre el caso del juez Santi Vidal. Junts pel Sí y la CUP rechazaron las comparecencias reclamadas por la oposición, sin proponer ningún nombre de forma voluntaria. Es decir, no habrá comisión de investigación.

Todo el proyecto para realizar el referéndum se realiza sin ninguna transparencia, con el objetivo de sorprender, en el último instante, al Gobierno de Mariano Rajoy. Se trata de una posición, no ya infantil y absurda, sino claramente antidemocrática.

A todo ello se añade las proclamas periódicas del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, comparando la democracia española con la de Turquía, o su última idea: “Hoy el presidente Tarradellas no podría bajar del avión”,  en referencia a su regreso a Cataluña, desde el exilio, --se cumplen 40 años de su ‘Ja sóc aquí’.

¿Escuchará Puigdemont sus declaraciones algún día? ¿Se mirará al espejo?

Es decir, Rajoy sería tan duro y tan poco demócrata, según Puigdemont, que se negaría a negociar con Tarradellas la recuperación de la institución de autogobierno, que sí atendió un presidente como Adolfo Suárez, que había sido el secretario general del Movimiento. ¿Escuchará Puigdemont sus declaraciones con calma algún día? ¿Será capaz de mirarse al espejo?

El error de los dirigentes independentistas no es la apuesta por un proyecto legítimo, sino las formas que están adquiriendo, la voluntad de herir constantemente al que no comulga con sus ideas tachándolo de poco demócrata, o, directamente, de ir en contra del ‘pueblo de Cataluña’.

Porque esto ‘no va de democracia’, como se empeña el independentismo en clamar una y otra vez. Esto va de hacer las cosas bien, de buscar mayorías sólidas, de respetar la ley y de negociar mejoras en el autogobierno y de asumir que se quiere presentar todo un ‘cahier de doléances’ que no es real.