El 26-J sí ha servido y deja claras algunas cosas

26 de junio de 2016 (23:11 CET)

Va a ser difícil toserle ahora a Mariano Rajoy. Sorteando escándalos de corrupción casi a diario, sin nuevas soluciones que ofrecer al desafío soberanista, con la irrupción de las cintas de Fernández Díaz dos días antes de la cita electoral… y 137 diputados, 14 más que el 20 D, contra viento y marea y, sobre todo, contra todas las encuestas, hasta las más amigas.

¿Ha optado el pueblo español por la única alternativa posible y real de gobierno dadas las discrepancias insalvables entre PSOE y Podemos? Es difícil de saber. En cualquier caso, desde este 26 J y al menos por una temporada la figura no sólo no está en cuestión, sino que ha salido reforzada de esta nueva cita electoral.

Su principal adversario, Pedro Sánchez -¿o era Pablo Iglesias?- no ha salido bien parado. Con 85 escaños, el PSOE bate su propio récord negativo y obtiene un nuevo "peor resultado de su historia". Lo va a tener muy difícil Sánchez para mantener su liderazgo. Sólo dos buenas noticias para el secretario general socialista. En Madrid, su plaza, el PSOE ha ganado 1 escaño, pasando de 6 a 7. Sus críticos no pueden decir lo mismo: Susana Díaz pierde ante el PP y se deja 2 escaños; Ximo Puig, 1… La otra noticia es que no se ha producido el temido sorpasso.

Las urnas han deparado dos grandes fracasos. Albert Rivera no ha podido mantener los 40 escaños y se ha dejado 8. Seguramente, su mensaje positivo de ser el centro imprescindible para conformar un nuevo gobierno ha perdido credibilidad ante el fracaso de su anterior pacto con el PSOE.

Pero el tropezón más grande ha sido para Podemos. La operación de marketing electoral de suma de las diferentes confluencias moradas con Izquierda Unida para lograr un efecto multiplicador en escaños no ha funcionado y de hecho Unidos Podemos se debe conformar con el mismo número de escaños que el 20 D habían conseguido por separado Iglesias y Garzón. Eso sí, no deben olvidar que se han dejado un millón y medio de votos por el camino.

En Cataluña nada nuevo bajo el sol. Los resultados son prácticamente idénticos a los que hubo en diciembre con apenas un pequeño cambio: el PSC pierde un escaño, pasa de 8 a 7, a favor del PP que lo gana y ahora tendrá 6.

Resulta curioso ver cómo las nuevas formaciones han aprendido rápidamente los tics de las viejas. Salvo el ejercicio de autocrítica de Íñigo Errejón, que le honra, en el resto de discursos ha prevalecido el postureo que pretende convertir en victorias históricas lo que son resultados más o menos discretos. Por ejemplo, Xavier Domènech, el número de la lista de En Comú Podem, la candidatura que auspicia Ada Colau. Han vuelto a ganar en Cataluña, sí, y eso tiene valor, pero con bastante menos votos y menos porcentaje contra lo que dijera Domènech.

Si no se imponen maniobras extrañas, lo normal es que el PSOE permita con su abstención un nuevo gobierno de Mariano Rajoy, que no tendría en cualquier caso una legislatura cómoda. Necesitan los socialistas aclarar sus problemas de liderazgo y dotarse de una estrategia más definida sobre cómo liderar la oposición. Rivera deberá mantener la moral de sus tropas tras un muy mal resultado e Iglesias se va a tener que enfrentar probablemente a los problemas que la amalgama de siglas y culturas que se aglutinan bajo las siglas de Unidos Podemos le provocará y que un éxito los hubiera minimizado.