Pedro Sánchez y Susana Díaz, en un acto del PSOE. EFE

Diez días decisivos para definir el futuro del PSOE en las próximas décadas

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El debate de las primarias solo servirá si alguno de los candidatos pierde los nervios.

Barcelona, 12 de mayo de 2017 (09:55 CET)

Las primarias del PSOE se celebran en un territorio desconocido en donde es complicado hacer pronósticos. Una polarización y una movilización inédita. Incluso pudiera ocurrir, aunque no es probable, que haya menos votos que avales emitidos. Este híper reclutamiento es desconcertante. No se apoya en experiencias ni en estadísticas. El esfuerzo por competir en número de avales, muy por encima de las exigencias mínimas, indica que los aparatos de las dos candidaturas mayoritarias han exprimido hasta el último militante a su alcance.

¿Por qué hablar de “aparatos” en plural?

Tanto Susana Díaz, que goza del apoyo de la mayoría de la organización institucional del PSOE, como Pedro Sánchez, tienen sus respectivos aparatos que han trabajado full time en los dos últimos meses. Eso explica el reparto de áreas de influencia que se corresponde con los apoyos significativos dentro del partido en cada zona. Los avales son públicos y por lo tanto las identidades de quienes los han suscrito, conocidas. Si ha habido presiones o condicionantes, pudiera suceder que algunos avales no correspondan con los votos que se emitan, que serán anónimos. El aparato del PSOE que apoya a Susana es clásico y conocido. Pedro Sánchez ha conseguido estructurar el sindicato de todos los descontentos por todos los agravios y por todas las causas bajo un lema tan sencillo de “no es no” y “somos de izquierdas”.

Cuando faltan diez días para las primarias, la única duda que queda es sobre la existencia de voto oculto y sobre las intenciones últimas de los avalistas de Patxi López, que es el candidato que no tiene posibilidades matemáticas de ganar.

Primera reflexión. Voto oculto y voto útil.

El enfrentamiento es lo más parecido a una final de la Champions. Quien no gane la final, será recordado efímeramente, solo mientras dure la crónica del recuento. Solo puede haber un ganador. Y el tamaño y la calidad de la fractura, del enfrentamiento, no permite concebir una reconciliación. Han quedado retratados dos PSOE y el que pierda no sobrevivirá ni se integrará. Estas circunstancias motivarán el voto útil para cada uno de los dos bandos mayoritarios.

Han quedado retratados las dos facciones y el que pierda no sobrevivirá ni se integrará

En la trinchera de Pedro Sánchez no hay salidas de escape. El enfrentamiento con Susana Díaz ha alcanzado cotas de agresividad que no tienen precedente ni en los enfrentamientos de Indalecio Prieto y Largo Caballero. Delante de Pedro Sánchez, el alcalde Calasparra habló de la “mafia de la Gestora al servicio de Mariano Rajoy”.

Pero los cruces de los equipos de Pedro Sánchez con Patxi López no han sido pequeños. “Patxi López es un traidor que no ha querido unir fuerzas para parar a la “sultana”, que es como llaman despectivamente a Susana Díaz.

Segunda cuestión.

Duda. ¿Los avalistas de Patxi López mantendrán su voto o sentirán la tentación de “voto ´útil”? Y, en ese caso, ¿hacia qué lado se inclinarían?

Todo parece indicar que muchos se quedarán hasta el final, porque es una apuesta sólida de quienes le han apoyado, muchos de ellos provenientes del entorno de Pedro Sánchez y necesitan una isla intermedia para situarse en el nuevo partido que pudiera nacer.

Así están las cosas. El partido que reclama ser “de izquierdas”, de los militantes y que se define como un proyecto autónomo. Al otro lado, el socialismo que aspira a volver a gobernar y a definir un espacio de socialdemocracia heredero del PSOE de los últimos cuarenta años.

El programa de Pedro Sánchez es tan ecléctico o tan indefinido que lo cambió ayer mismo.

Solo queda por cuantificar las emociones. No hay mucho margen para el contraste de programas. El de Pedro Sánchez es tan ecléctico o tan indefinido que lo cambió ayer mismo. Nos acabamos de enterar de que ya no es partidario de la convergencia con Podemos y España ha dejado de ser un estado plurinacional para tener un plurinacionalismo cultural. En las redes sociales se hacen chistes invocando el contrato de Grucho Marx. Si no le gusta algo, cámbielo. Pero estamos en un universo en donde la racional ya no moviliza votos.

Se han puesto a funcionar las tripas como sustituto de la razón. Los votantes de Susana Díaz están formados por partidarios convencidos y por horrorizados de que pueda ganar Pedro Sánchez, lo que para ellos significaría el final del PSOE.

Queda el debate.

Hay consenso en que el debate no va a ser decisivo, salvo que alguno de los tres meta la pata hasta el corvejón. Quien pierda los nervios perderá el debate. Difícil la firmeza sin acritud y la agresividad sin exabruptos. Las estrategias son claras. Pedro Sánchez reivindicará haber sido víctima de un golpe de estado, pretenderá la legitimidad de los militantes y negará la democracia representativa. Todo eso con una envoltura dulcificada.

Es una elección abierta entre quienes quieren fortalecer el PSOE histórico y quienes apuestas por el presidencialismo con asamblea permanente

Patxi López se ofrecerá como la única alternativa que puede evitar la fractura del partido. Y, Susana Díaz se esforzará con documentación en tratar de desmontar las manipulaciones de Pedro Sánchez en la lectura que hace de su dimisión. Justificará la abstención en la investidura, la tratará de legitimar con la ascensión en intención de voto del CIS. Y, probablemente, la rectificación de Sánchez sobre la propuesta de pactar con Podemos, le permitirá preguntarle: ¿entonces, para qué todo este lío?

Lo que ocurra después, suponiendo que no haya un claro ganador, depende de la técnica de vendedor de aspiradoras. Se acuerdan, cuando no existía internet: el vendedor a domicilio tenía que conseguir meter el pie en la puerta para colarse y vender el producto.

Visitas casa por casa. Ruegos, amenazas y súplicas. Nada de marketing multitudinario. Boca a boca, para ver cuál de los dos aparatos, el de Susana o el de Sánchez, arañan los últimos votos. Y Patxi López, si logra entre ocho mil y once mil votos, como el factor de estabilidad y de integración en este PSOE roto. Es una elección abierta entre quienes quieren fortalecer el PSOE histórico y quienes apuestas por el presidencialismo con asamblea permanente. Y en estos tiempos, todo puede pasar. Incluso en un PSOE podemizado que ya no quiere pactar con Podemos.