¿De verdad estos partidos van a ser capaces de pactar?

14 de junio de 2016 (01:00 CET)

Nada nuevo bajo el sol. O muy poco. Salvo algunos detalles, el debate a cuatro que han realizado los candidatos de los principales partidos políticos españoles podría haberse celebrado hace cuatro meses y seguramente los argumentos apenas habrían variado.

Si acaso algunos detalles. El aire de suficiencia empleado ahora por Pablo Iglesias frente a Pedro Sánchez o la muletilla, excesivamente repetitiva, usada por este último para reprocharle a aquél que no le apoyara si de verdad quería un cambio de gobierno.

El candidato socialista mostró por cierto un problema que le resta credibilidad: un tipo de impostura que le lleva a repetir machaconamente concepto y hasta frases completas aprendidas. Por ejemplo, cuando dijo hasta en un par de ocasiones aquello de que en política, al contrario que en las matemáticas, el orden de los factores sí altera el producto.

Pero, yendo al fondo del debate, uno podría pensar que lo importante a partir del 26J será quién va a ganar las elecciones y no qué pactos podrían establecerse, porque, salvo el líder de Podemos que dejó clara su única opción de gobierno, el resto de candidatos no ofreció ninguna nueva estrategia, ningún puente, para llegar a algún posible acuerdo.

Esa ausencia de novedades retrata de manera descarnada la incapacidad de los partidos políticos españoles para dar respuestas diferentes a problemas distintos. Es una clase política esclerotizada, endogámica, encerrada en su burbuja, que repite mantras en vez de generar ilusiones. Así nos va y así lo cuenta el CIS.

¿Alguna conclusión del debate? ¿Quién ganó? Creo que nadie convenció a quién no estuviera ya previamente convencido. No veo sinceramente que mucho de ese 30% de indecisos que reflejan las encuestas saliera ayer con las cosas más claras de las que tenía antes de que los cuatro aspirantes iniciaran el debate.

Rajoy no se salió del guión, defendió las buenas cifras que la recuperación económica le ofrece y sólo se sintió incómodo cuando fue interpelado frontalmente por Albert Rivera sobre su implicación en la corrupción. Pedro Sánchez se mostró confuso, le cuesta generar credibilidad, ataca a Rajoy e Iglesias con argumentos manidos y me temo que su mensaje está amortizado.

Albert Rivera fue quizás el más agresivo, pareció preparado y fue contundente en sus enfrentamientos con el presidente del gobierno y con Iglesias. Y éste último repitió el guión que domina, en un papel que se conoce a la perfección: es convincente en las denuncias y poco solvente en las propuestas.