Ciudadanos, la equidistancia patriótica

07 de septiembre de 2016 (23:00 CET)

El encaje del partido de Rivera en el imaginario de los ciudadanos como un partido necesario para la gobernabilidad de España ha quedado refrendado con el apoyo a la investidura de Rajoy. Un apoyo que debemos leer por este orden: primero a los 150 puntos de acuerdo, luego al PP y, por último,  a Mariano Rajoy. Dicho apoyo dibuja definitivamente el entorno de un partido dispuesto a crear condiciones para la gobernabilidad, desde una matizada regeneración política.

Este esfuerzo por visualizar en la política española una fuerza que module la gestión de los grandes partidos mayoritarios, excepto Podemos, se ha culminado con el acuerdo puntual a PSOE y al PP en sus distintas investiduras.

Una vez conseguido el reto, nada fácil, de ser percibido como una fuerza equidistante de la izquierda y la derecha para alcanzar o intentar lograr un acuerdo entre las tres partes, ahora queda  por comprobar si serán capaces de convertir su equidistancia patriótica en un mensaje político que llegue nítido a los ciudadanos. Se tratará de ver si desde Ciudadanos se vertebra un liderazgo político, para complementar a otros, basado en convertir su naturaleza neutra, sin pasiones extremas, sin ideologías políticas, en una ideología destinada a la clase media española.

El esfuerzo de Ciudadanos de situarse como partido de raíz liberal y abierto no tiene la misma capacidad de seducción que la de un partido al margen de las grandes ideologías, que hace de la responsabilidadla bandera para luchar contra las convicciones antagónicas. Un partido capaz de sanar al enfermo y de mejorar el rendimiento del sano. Un partido que se corrige a sí mismo antes de ser corregido por los tozudos hechos.

En definitiva, la equidistancia patriótica de Ciudadanos como factor de corrección, modulación y sello de calidad democrática de los dos grandes partidos, es la que esperan sus electores. El reconocimiento de que nunca será un partido mayoritario, pero sí de poder, dotará de un nuevo pragmatismo a un partido basado, no sólo en la aritmética política, sino en hacer política.

La impresión que uno tenía al ver el debate de investidura es que en la política española no se acabará el bipartidismo tan rápidamente como algunos persiguen, pero sí necesitará, para mantenerse, una lógica de pactos, y  precisará asentarse en trípodes, en los que Ciudadanos será una de sus patas.

Ciudadanos, tras el debate, sus consecuencias y el posible horizonte de unas terceras elecciones, tiene la gran oportunidad de hacer de la equidistancia patriótica un elemento político de gran futuro electoral. La clase media huye de las aventuras, de los enroques y de las pasiones fuertes y busca refugio en aquellos que garantizan una confortabilidad ornamentada con toques de regeneración política y mucho sentido común.

El triunfo de Ciudadanos nunca será celebrado, pero sus esfuerzos por lograr acuerdos serán reconocidos. Eso es lo que parece decirnos con el camino que Ciudadanos ha emprendido para dar sentido a la gobernabilidad de España.