Cameron volverá a brindar con Dom Perignon del 69

22 de junio de 2016 (23:00 CET)

David Cameron es un hombre con suerte, con mucha suerte. Y ha ligado su propio futuro, como dirigente político, al del Reino Unido. Lo que empezó casi como una ocurrencia, sin recorrido, se ha convertido en una pesadilla. Este jueves los británicos podrán votar sobre su permanencia en la Unión Europea porque Cameron creyó que el referéndum era un buen señuelo para intentar ganar las elecciones, en mayo del pasado año. Nada lo presagiaba. Los recortes en el presupuesto, por parte de Cameron, más por motivos ideológicos que por necesidades reales del país, habían llevado a los laboristas a las puertas del 10 de Downing Street. Y Cameron necesitaba una parte de los votos del UKIP, el partido contrario a la Unión Europea, para tratar de vencer. La paradoja es que ganó por mayoría absoluta y se vió en la obligación de cumplir su compromiso.

Esa es la historia, la que ha arrastrado al Reino Unido a una tesitura muy compleja. En términos económicos, los británicos perderían con su salida de la UE. Lo ha apuntado, de forma dramática, el canciller del Exchequer, George Osborne, que ha sido rebatido por un puñado de diputados del Partido Conservador, que siguen en el bando euroescéptico. Pero es que políticamente el Reino Unido quedaría en una situación más complicada, sin capacidad para incidir en uno de los bloques económicos más potentes del planeta. El sueño de los partidarios del Brexit de volver a establecer la privilegiada relación con los países de la Commonwealth es eso, un sueño.

El caso es que Cameron puede tener suerte, una vez más. La tentó con el referéndum en Escocia, donde los partidarios de mantenerse en el Reino Unido ganaron con diez puntos de diferencia. Y la tendrá este jueves, porque, según todas las casas de apuestas, el Brexit acabará fracasando. Desde el asesinato de la diputada laborista Jo Cox, las encuestas han mostrado una mejora constante de los partidarios a quedarse en la Unión Europea.

Cameron, sin embargo, se juega su futuro como líder del Partido Conservador, gane o pierda el Brexit. Por supuesto, si los partidarios de irse ganan, Cameron debería dimitir de inmediato, como apuntan los propios diputados conservadores. Pero si su apuesta es ganadora, en pocos meses el partido debería elegir también a otro líder, una vez que Cameron renunció a presentarse para unas nuevas elecciones, en 2020.

Lo alarmante de la situación, y eso debería ser una lección para otros países y para otras situaciones, es que se asocie el futuro político de un dirigente con el futuro de un país. Denota una gran frivolidad. Que cada uno realice sus particulares traslaciones.

La historia de Cameron tiene otras lecturas. Y es que en muchas ocasiones los que se equivocan se caen de pie. Cameron tiene suerte. Siempre la tuvo. Apenas ha tenido contratiempos en su vida, y eso está bien, no lo podemos negar. Da seguridad, pero también genera imprudencia.

Su padre fue agente de Bolsa, su abuelo también, y su bisabuelo también. Con 11 años viajó en Concorde a Estados Unidos, con cuatro de sus mejores amigos del colegio para celebrar el cumpleaños de Peter Getty, el nieto de un magnate del petróleo, John Paul Getty. Brindaron con una copa de Dom Perignon del 69 por la salud del compañero de pupitre. Y eso imprime carácter, y la convicción de que los británicos le harán caso y decidirán quedarse en la Unión Europea.