Portada de 'Cuando pintábamos algo en Madrid' (ED Libros), de Josep López de Lerma.

La otra libreta de Aznar

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Aznar preparaba sus discursos a conciencia, con máximo rigor, explica Josep López de Lerma, autor de Cuando pintábamos algo en Madrid

Josep López de Lerma

Portada de 'Cuando pintábamos algo en Madrid' (ED Libros), de Josep López de Lerma.

Barcelona, 19 de abril de 2017 (12:48 CET)

La “libreta azul” que acompañaba permanentemente al presidente José María Aznar se hizo famosa. En sus primeros tiempos como inquilino de La Moncloa nadie se fijó en ella; con el tiempo, fue objeto de oscuro deseo de casi todo el mundo que estaba en política. ¿Qué habría en ella?, se preguntaban todos. 

Alcanzó su cénit en dos momentos de naturaleza bien distinta. El primero se produjo el 15 de noviembre de 2002 cuando volaba hacia la República Dominicana. Al avión de las Fuerzas Armadas que le transportaba se le “diagnosticó” una avería grave en pleno vuelo: pérdida de líquido hidráulico que podía paralizar el tren de aterrizaje. Nunca supo qué mecanismo mental le impulsó a llamar al rey Juan Carlos para decirle que, en caso “de ocurrirme algo”, supiera que hallaría su “libreta azul” en su cartera y que en ella encontraría todo cuanto debía hacerse. Algunas cosas sobre el famoso cuaderno expliqué en Cuando pintábamos algo en Madrid (ED Libros).

Años después, el propio Aznar lo contaba riéndose de sí mismo al tiempo que su bigote se movía: "¿Cómo iban a encontrarla en medio de las cenizas? ¡Vaya ocurrencia tuve, Dios mío!”, recordaba en clave de humor negro.

Aznar llamó al rey en pleno vuelo, para avisarle que si se estrellaba se quedara con su libreta

El segundo de esos momentos de excelsa gloria para su “libreta azul” fue cuando celebró “cónclave” del PP para comunicarles su sucesor como candidato a la presidencia del gobierno para las elecciones de marzo de 2014. Fue el 24 de agosto de 2003 y la reunión tuvo lugar en Ferraz. Todos estaban informados por el mismo Aznar de que iba a tratarse su propuesta de candidato a la presidencia del Gobierno para las elecciones generales de marzo del año siguiente. Así que, en medio de un silencio sepulcral, abrió su “libreta azul” y casi dijo aquello de los óscars de Hollywood: “….y el elegido es: Mariano Rajoy!”.

Sin embargo, otras libretas acompañaron a José M. Aznar en la tribuna del Congreso de los Diputados, tanto cuando aspiraba a sustituir a Felipe González, como cuando ya lo había reemplazado como presidente del Consejo de Ministros. Era de tamaño folio, con espiral y sus páginas se hallaban cuadriculadas. Como éramos vecinos en la planta de miembros de la Mesa y del jefe de la oposición y precisamente por la tipología de libreta, un día le solté un socarrón “¿Qué tal, José María? ¿Vas al colegio?” que le dio por fulminarme con su mirada.

Atendida mi estratégica ubicación en el “pódium” presidencial del hemiciclo del Congreso de los Diputados, supe que la técnica parlamentaria de Aznar consistía en tener mecanografiado su primer discurso, el cual leía, y disponer de esa otra libreta donde, escrito a mano, de su puño y letra, estaban temáticamente ordenadas sus réplicas al adversario de turno.

Aznar utilizó su libreta azul para anunciar a su sucesor...Mariano Rajoy

Esto no quiere decir que no improvisara, pues de vez en cuando lo hacía para vapulear – ¡Y de qué manera!- a su interlocutor, pero sí indica hasta qué punto, con qué rigor y bajo qué concienzudo trabajo previo se preparaba sus intervenciones.

Si en algún revival televisivo se le ve en su escaño tomando notas relativas al discurso que pronuncia su oponente, no hagan caso. Nunca las tomó, aunque simulara hacerlo. Palabra.