Aznar empuja a Rajoy hacia el centro político

22 de diciembre de 2016 (06:00 CET)

José María Aznar ha renunciado a su cargo de presidente de honor del Partido Popular, justo después de haber descalificado a la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría por la forma en que está desarrollando el encargo del presidente Rajoy de buscar una solución para el contencioso catalán. Palabras muy gruesas, en las que acusaba a la dirigente popular de haber cambiado a las opiniones de sus adversarios. José María Aznar, una vez más, es partidario del palo en lugar de la zanahoria.

Sostengo que las diatribas de Aznar sobre la actual política catalana del gobierno es la demostración empírica de que Rajoy ha elegido un buen camino. Para empezar, el diálogo.

No ha habido nunca química entre Aznar y Rajoy, desde la noche misma del 11-M, cuando las decisiones que tomó el todavía presidente Aznar hicieron perder las elecciones a Mariano Rajoy. Luego, siempre que ha podido, José María Aznar ha puesto palos en las ruedas de los dos gobiernos de Rajoy.

Aznar aprovecha para dar una puñalada por la espalda al actual presidente de gobierno y del Partido Popular, justo cuando empieza una legislatura complicada. Con un gobierno en minoría, con la necesidad de entendimiento con el PSOE y Ciudadanos para sacar adelante los presupuestos y todas las leyes que necesitan mayoría parlamentaria, José María Aznar hace un gesto de ruptura en dos tiempos. Primero desvinculando la fundación FAES del partido y después, en víspera de un congreso, renunciando a la presidencia de Honor, que es un puesto que solo existe para él.

¿Qué es lo que le molesta a Aznar de la política diseñada por Rajoy para buscar una solución al llamado problema catalán?

La sola existencia de dialogo –que es lo que se le viene reclamando a Rajoy desde hace tiempo por la oposición- con las autoridades de la Generalitat y con los partidos secesionistas le promueve un sarpullido al ex presidente de Gobierno. La posición de Aznar en este tema se reduce a la pura aplicación de la ley sin ninguna iniciativa política para tratar de llegar a un acuerdo que desbloquee un problema que lleva años enquistado.

Mariano Rajoy ha reaccionado ninguneando las iniciativas de Aznar. No se da por aludido con la ruptura unilateral del ex presidente y mira para adelante. En el fondo es un alivio quitarse de en medio la encrucijada de una posible asistencia e intervención de Aznar en el congreso del PP, a la que hubiera tenido derecho en su condición de presidente de honor del partido.

La ecuación es muy simple. José María Aznar, en su actual condición de militante de base, se sentirá más libre para opinar políticamente y, a cambio, la presión que ha venido ejerciendo en el PP, en condición de presidente de honor, desaparece también.

Aunque algunos se nieguen a reconocerlo, una parte de la herencia que recibió Mariano Rajoy está envenenada. Los tesoreros, incluido Luis Barcenas, forman parte de esa herencia. Igual que los mayores escándalos, como la trama Gürtel, proceden de aquella época. No olvidemos las fotos de los invitados a la boda de la hija de Aznar.

Romper con Aznar o que Aznar haya roto con el PP, tiene muchas ventajas en el momento en que el partido y el gobierno intentan diferenciarse de toda la época anterior.

José María Aznar ya no es un poder fáctico en el Partido Popular. Ya no tiene un núcleo importante que comulgue con esas políticas de confrontación internas. Por lo tanto, el daño que le podía hacer al Partido Popular está amortizado.

En el fondo Aznar le ha hecho un gran favor a Mariano Rajoy. La condena a sus políticas más aperturistas, a su espíritu de diálogo, tanto en Cataluña como con el PSOE, le ayudan a Rajoy a ocupar sin tantos complejos una posición de centro que le es indispensable tanto para sacar adelante la legislatura  que le permita ser un partido claramente democrático, europeo y alejado de la sombra de corrupción cuyo origen está precisamente en la época de José María Aznar.