Trump Ban, Apple y la diversidad

15 de febrero de 2017 (05:00 CET)

"Nuestra compañía depende de la diversidad con mayúsculas: la diversidad de pensamiento viene dada generalmente si las personas provienen de contextos diferentes". El consejero delegado de Apple, Tim Cook, comentó así el veto a los inmigrantes que impuso Trump.

Seguramente esta opinión la comparten muchas de las 100 mayores empresas estadounidenses que generan más del 46% del PIB como Google, Apple, Facebook, Microsoft, Uber, Tesla, Paypal ...etc.

El miedo a la diversidad y a la globalización no se limita a una reacción en la política. Tiene grandes repercusiones en el mundo de los negocios y las empresas y podría aumentar el resentimiento popular y de los votantes al poder corporativo.

La diversidad es algo más que la raza o el género. Debe incluir ideas, la creatividad, las habilidades, los pensamientos, los antecedentes y las experiencias.

En EEUU, donde conviven y trabajan diferentes nacionalidades, las empresas más exitosas son aquellas que ha tenido el factor cultural como parte de su estrategia y que han incorporado las influencias, prácticas y valores de otras culturas. Las que han permitido a un amplio espectro de personas participar activamente, contribuir y aprovechar su potencial. No solo las multinacionales, cada vez mas pymes tienen cadenas de suministro mundiales o accionistas extranjeros.

La inmigración en EEUU ha experimentado obstáculos conocidos y relegación social de las comunidades, pero muchos han conseguido emprender con éxito y dinamismo en beneficio de la economía de su país de adopción. El 40% de la lista de empresas Fortune 500 fueron fundadas por inmigrantes o sus hijos.

En EEUU, los empresarios inmigrantes crearon el 28,5% de las nuevas empresas en 2014, frente al 25,9% del 2013 y apenas 13,3% en 1996. Además el 25% de las empresas de ingeniería y tecnología fundadas entre 2006 y 2012 tenían al menos un fundador nacido en el extranjero, y en Silicon Valley la cuota se eleva al 43,9%.

Gran parte de la acción política en los últimos años está vinculada a una reacción contra la globalización. El voto Brexit o el ascenso de políticos como Marine Le Pen y Trump, por ejemplo. Un reciente informe estableció un paralelo con la primera gran era de la globalización a finales del siglo XIX o principios del XX, que también dieron lugar a reacciones violentas: asesinatos anarquistas, malestar industrial y restricciones a la inmigración.

En estos tiempos de crisis económica y de identidad, los temas de inmigración y diversidad son particularmente apremiantes. ¿La inmigración enriquece o no? ¿Es fuente adicional de inseguridad? ¿Son las identidades específicas de los migrantes y sus descendientes compatibles con la identidad de la sociedad de acogida?

Las personas con talento se cansan cuando se dan cuenta que el sistema sólo les incluye, pero no los acepta. Para evitar estos problemas, países, organizaciones y empresas tienen que hacer un esfuerzo para incluir plenamente a los empleados en todos los aspectos del trabajo.

La guerra por el talento que se está librando desde hace años, la puede perder EEUU. Muchas empresas globales, tienen dificultades para reclutar a los mejores talentos porque operan una pirámide de pasaportes, leyes y prejuicios.

La diversidad de pensamiento y las experiencias culturales como ha demostrado ayuda en la expansión creativa de las empresas. Un equipo global no solo suma habilidades, está abierto al mundo y sus diferentes talentos aportarán sus valores.

Creará una cultura de trabajo que estimule conversaciones abiertas, que eliminará barreras y muros y producirá mayor impacto en la sociedad. Sumar culturas y capacidades y utilizar esta sinergia en la búsqueda de nuevas soluciones hará crecer nuestras empresas y nuestras sociedades. Más allá de Trump y su pensamiento en blanco y negro, la diversidad se hace más necesaria que nunca en estos tiempos tormentosos, sino se corre el riesgo de empeorar el curso de la historia y de la economía al elegir el bando equivocado.