¿Se puede jugar a fútbol con China?

11 de julio de 2016 (01:00 CET)

No es de extrañar que las compañías españolas hagan buenas migas con un gigante en expansión con apetito de inversiones como es China. Tampoco es de extrañar que sean nuestras empresas las que manejen los tiempos y decidan cuando les benefician estas uniones y cuando no.

A nadie se le escapa que la internalización de las empresas españolas ha sido el motor de la economía del país durante los peores años de la crisis. Demostrada su experiencia y capacidad de adaptación a escenarios más que convulsos, lo cierto es que ahora nuestras empresas están bien aprendidas y saben con quién hacer negocios.

Son capaces de atraer capital extranjero y a la vez abrirse a nuevos mercados. Una de las razones es que se sitúan en una posición privilegiada en la que son vistas como intermediarias de América Latina o el Norte de África, así como foco de inversiones hacia Europa. La otra es el reconocimiento de marca de muchos de sus productos o la avanzada tecnología en sectores punteros como el de las enovables.

Todavía tenemos que igualar a otros países como Reino Unido, Alemania o Francia, pero es de sobra conocido que España se ha convertido en un lugar receptor neto de inversiones chinas con una importante diversificación sectorial. El abanico es amplio, desde textil, calzado o alimentación hasta equipos de fútbol pasando por energía nuclear.

Las alianzas entre grupos de nuestro país y conglomerados chinos son multidireccionales y se basan en una relación win-win (ganador-ganador) en la que la confianza y la flexibilidad son clave. El pasado año, empresarios chinos invirtieron 470 millones de euros en inversión extranjera directa en España. Y subiendo, ya que estamos ante el tercer mayor inversor del mundo por flujo de capitales, al superar los 100.000 millones de dólares. La pregunta es: ¿Son estas uniones por ley garantía de éxito?

Obviamente, no, aunque sea cuál sea el desenlace final siempre abren buen camino para explorar nuevos mercados. Hemos de tener en cuenta que España y China hacen negocios de igual a igual. Por eso, no es raro que algunas de las alianzas funcionen por un tiempo, hasta que las dos empresas cumplen sus objetivos y pueden seguir explotando el mercado por su cuenta.

Al fin y al cabo, el matrimonio no tiene por qué durar para toda la vida ¿no es así? Es lo que ha ocurrido con Osborne, uno de los grupos pioneros que se lanzó a abrir su accionariado. En 2014 se aliaron con Fosun, uno de los mayores grupos industriales y de inversión del gigante asiático. Fosun se hizo con el 20% de su accionariado. Fue una unión clave, en especial para Sánchez Romero Carvajal, exportador de uno de cada cuatro jamones.

Sin embargo, ahora la compañía con sede en el Puerto de Santa María ha decidido poner punto y final a esta relación. La razón es que Osborne ha sido capaz de impulsar su negocio internacional, logrando así que su nueva filial en China, la que importa y distribuye sus productos, se haga con el control de todas sus operaciones.

Eso sí, todo en muy buenos términos. Según un comunicado de la empresa "los dos años de presencia de Fosun en el capital de Osborne han permitido la aceleración del negocio en China así como la constitución de una filial y un equipo para atender al mercado localmente, lo que se traducido en un considerable incremento de las ventas en dicho mercado, hasta el punto de que actualmente China es el primer mercado internacional para la marca Cinco Jotas"

Otro ejemplo de ruptura, en este caso poco amistosa, es el de la hotelera NH, cuyos accionistas minoritarios han expulsado del consejo a los representantes de su socio mayoritario, la china HNA (29,5%) por conflictos de intereses.

Es cierto que no siempre es un modelo de negocio fácil. En un principio pueden darse barreras culturales y a su vez, los socios tendrán diferentes métodos de hacer negocios. Pero por lo general suelen funcionar bien. Entre los casos de éxito podemos hablar de la empresa china Changyu, que cuenta con la mayoría accionarial de las Bodegas Marqués de Atrio, una de las principales bodegas de la Denominación Rioja.

También destaca SSCW, filial del Grupo Bright Food, que se ha hecho con el 72% de la cadena de distribución alimentaria Miquel Alimentació. No todo es el sector agroalimentario. Sin ir más lejos, esta misma semana, ZTEsoft, uno de los mayores proveedores de software de China, e Indra han firmado un acuerdo para impulsar la transformación digital en la industria de las telecomunicaciones. Y lo curioso es que más allá de los matrimonios tradicionales ahora muchas empresas buscan incluir a terceros en la relación.

Ya no se trata de vender en sus respectivos países, se trata de dar el salto a terceros. Juntos, claro. Sin ir más lejos, compañías españolas explorarán junto a casi dos centenares de firmas chinas posibilidades de desarrollar negocios conjuntos en terceros países en un foro empresarial que se celebrará entre los días 6 y 8 de julio en Pekín. En todo caso, para que la relación sea fructífera, lo importante es la flexibilidad y el contar con objetivos comunes. Es mucho lo que se pueden lograr cuando diferentes conglomerados juegan en sintonía. 1 1 es más que 2.

No se extrañen si seguimos viendo "matrimonios empresariales" en los próximos meses, en sectores como el bancario. Esta es una de las asignaturas pendientes. La pedida de mano está al caer.