Rajoy se ríe de los españoles

23 de mayo de 2016 (01:00 CET)

La Comisión Europea estudia la apertura de procedimiento de sanción contra España, (¿y cuántas van?) por registrar un déficit presupuestario excesivo. Se espera que alcance el 3,9% del PIB, muy por encima del 3% fijado por la UE.

Hay que notar que el Gobierno español -¿avergonzado?- ha prometido bajar el déficit, pero para ello no se le ocurre nada más que recortar unos 2.000 millones de gastos, y, por contra, prometer otra rebaja fiscal, precisamente antes de las nuevas elecciones.

Hay que recordar que inmediatamente antes de las elecciones generales de 2015 ya realizó una rebaja de impuestos de un impacto de unos 7.000 millones, que más o menos equivale al exceso de déficit por el que ahora se nos sanciona.

¿Qué pasa? ¿Rajoy se ríe de la UE? ¿Y de los españoles? ¿Estima que con esta política va a ganar más votos?

Algunos comportamientos de los actores económicos son bastante claros. De la misma manera que los empresarios no invierten más porque baje el tipo de interés, los consumidores no se van a lanzar a comprar más coches porque les retengan un pequeño porcentaje de menos en su retribución mensual.

Un comportamiento más racional sería empezar por disminuir el endeudamiento de las familias, que es muy alto, a pesar de que la cuota del préstamo de la compra de vivienda sea más digerible.

A los empresarios que les bajen el tipo del impuesto de sociedades (o la cuota) no por ello van a invertir en compra de maquinaria, sino en desendeudarse o cobrar más dividendos, si la economía internacional y el clima general no mejoran.

Rebajar impuestos -tipos, base, desgravaciones, exenciones- no es una buena demostración de una buena gestión pública dado el alto nivel de déficit y la creciente deuda pública, y más, cuando España tiene los ingresos tributarios sobre PIB más bajos de Europa.

Bajar impuestos no digo que sea siempre improcedente, pero llevarse a cabo cuando el déficit no ha disminuido suficientemente, y más después de los recortes en prestaciones sociales sufridos en los años de la crisis, es claramente irresponsable.

Hasta aquí unos razonamientos que parecen lógicos, pero a veces la economía da sorpresas.

Como acabamos de decir, España, en los cuatro años de Rajoy, no ha cumplido ni uno con los límites de déficit público a los que se había comprometido con los socios europeos en el programa de estabilidad. Y también es sabido que la economía española todavía está creciendo por encima de cualquier país europeo comparable, con lo que teóricamente tanto el déficit como la deuda deberían disminuir.

Pero no ha sido así. La deuda está por encima de la cifra psicológica del 100% del PIB, ¡por primera vez desde 1909!. Imagínense que el crecimiento internacional se resiente y en consecuencia el español también. Algunos indicadores empiezan a advertirlo, como por ejemplo el Indicador Sintético de Actividad (ISA) que avisa que la economía está perdiendo ritmo.

En estas nuevas circunstancias parece lógico preguntarse cómo España, que no ha hecho sus deberes en épocas buenas, podrá hacerlo cuando sea evidente que nos adentramos en una coyuntura peor.

De ahí que las expectativas de nacionales y extranjeros sean cada vez peores, con independencia de si se puede o no formar gobierno. Otros cuatro años perdidos.