Pasividad o activismo para el sindicalismo 4.0

27 de diciembre de 2016 (06:00 CET)

Sabemos que el cambio tecnológico basado en la digitalización y en la Industria 4.0 (algoritmos, robots, inteligencia artificial, Internet de las cosas, impresoras 3D, nuevos materiales etc.), no consiste sólo en unos cuantos robots, algunos operarios con tablets en la cadena de producción, o compañeros de la empresa trabajando en teletrabajo desde casa, sino que representa un profundo cambio en la visión misma de la empresa en todos sus niveles. Supone un rediseño de su propia esencia,  su organización de la producción, su relación entre proveedores, productores y clientes, y por supuesto una transformación muy profunda de las relaciones laborales y sindicales.

Hay incluso quienes afirman que estamos ante un nuevo salto en la historia de la Humanidad.   Pero no sabemos, con tanta seguridad, las consecuencias que este profundo y acelerado cambio tecnológico va a representar en el empleo, en las condiciones de trabajo o en la distribución de la riqueza. Ni quién, entre los diversos gurús y expertos que pronostican el futuro, tendrá razón. Si los tecno-optimistas, que describen una futura sociedad del ocio con más y mejor empleo gracias a la  tecnología, o los pesimistas que afirman, con igual contundencia, que el resultado de esta transformación representará la masiva destrucción de empleo, porque entienden que llegaremos al colapso tecnológico, y por tanto se romperá el círculo virtuoso que ha existido hasta ahora entre innovación tecnológica, reparto de la productividad y nuevos empleos.

Dos visiones que por su larga experiencia el movimiento sindical sabe que pueden ser igual de perniciosas para los trabajadores. Ambas convergen en un mismo mensaje: el determinismo que invita a la subordinación, a la pasividad de los actores sociales y políticos y a la resignación ante los cambios. Una visión que invita a quedarse sentado a contemplar cómo pasa el tiempo y a esperar que  la tecnología traiga por sí misma el progreso, el empleo y la humanización del trabajo y la otra, también perdedora, que representaría para el sindicalismo izar la bandera de la resistencia para conseguir lo imposible: impedir el cambio tecnológico y renunciar a intervenir en la transformación en marcha.

Por esto, consciente de la trascendencia de los cambios y de su papel, el sindicalismo sabe que deberá trabajar duro para ganarse un papel relevante en este proceso de transformación y transición digital en las empresas. Para ello necesita mantener una posición activa, tener propuestas  innovadoras e iniciativas propias sobre los nuevos empleos y sus condiciones de trabajo, en salario, seguridad, formación permanente o participación de los trabajadores. El sindicalismo sabe que no valdrán sólo las grandes declaraciones y eslóganes, y tendrá que hacer un esfuerzo importante en la formación de sus equipos de sindicalistas y adquirir  nuevos conocimientos para atender con solvencia la nueva realidad del trabajo. Como tendrá que construir nuevas alianzas con sectores profesionales, técnicos y centros de estudio del mundo del trabajo y reforzar al máximo la cooperación sindical internacional para intercambiar conocimientos, experiencias y las mejores prácticas entre los sindicatos de los diversos países y de las grandes empresas transnacionales que ya están viviendo la transformación digital.

La Industria 4.0 puede ser una oportunidad para fortalecer el papel del sindicalismo, si este capaz de aprovechar una de las características propias de esta nueva fase, como la transparencia y la implantación del trabajo colaborativo entre funciones y departamentos, o la cultura de mayor trabajo de equipo entre trabajadores, técnicos e ingenieros con la desaparición de los departamentos y estructuras cerradas y de la vieja empresa.

Una oportunidad para corregir el actual déficit de representación que hoy tiene el sindicalismo entre los colectivos de trabajadores más cualificados y más jóvenes y motivar su implicación para construir la estrategia sindical ante la Industria 4.0, imprescindible para conseguir un sindicalismo más fuerte y útil.

Digamos un Sindicato, también, 4.0, capaz de organizar y representar la cada vez mayor diversidad del trabajo en la empresa donde se han incorporado nuevas herramientas que han cambiado radicalmente la concepción y la vieja dirección de recursos humanos, que han revolucionado tanto las formas control y comunicación interna de la empresas como entre los propios trabajadores.

Sindicato 4.0 para esta era de los grandes datos y de la inteligencia artificial. La de la futura  "fábrica inteligente", que  si no se hace bien, con responsabilidad social, corremos el serio riesgo que el futuro lo que tengamos se en realidad la fábrica "estúpida" y la más injusta para sus trabajadores y trabajadoras, porque el trabajo haya perdido toda consideración y valor social. Ahí está el reto, esperemos que la inteligencia sindical sepa responderle.