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Los proteccionistas aplauden las exportaciones pero protestan por las importaciones. Es una de las tantas contradicciones que hemos visto en la semana

Barcelona, 09/04/2017 - 05:00h

Europa está perpleja. La tensión entre globalización descontrolada y autarquía retrógrada movilizan el mal humor de la población, especialmente de las clases medianas empobrecidas, de un lado al otro del espectro político.

Y mayoritariamente, responsabilizando la Unión Europea, no sin razón, de muchos de los males que nos afectan. Pero olvidando que la Unión Europea no es nada más que un club de Estados donde el parlamento pinta muy poco.

El “brexit” británico y las medidas proteccionistas de Trump han puesto en evidencia la hipocresía de muchas de las posiciones políticas ante el binomio globalización-autarquía. Estamos viendo cómo ante el miedo que la Casa Blanca imponga nuevos filtros aduaneros, protestan los partidarios del proteccionismo en Europa.

La objetividad de algunos políticos ante los varios escenarios se asemeja al del hooligan que sólo ve penalti cuando supuestamente le hacen a alguien de su equipo. Y no lo ve si pasa en la propia área. Cuando los emprendedores propios exportan o adquieren empresas en el extranjero levantan un entusiasmo extraordinario. Cuando los productos se importan o las empresas adquiridas son las propias, el libre comercio ya no gusta.

La UE es un club de Estados donde el Parlamento pinta poco

Muchos populismos de derecha y de izquierda están a la vez reclamando el apoyo internacional al “Made in“ del propio país, y rechazando cualquier tratado que facilite el libre comercio internacional. Esta incoherencia fruto de la deriva entre la autarquía que nos vuelve al pasado y una globalización asimétrica y conducida sólo por las grandes multinacionales escapistas del cumplimiento de los deberes sociales e impositivos, tiene como consecuencia alimentar el mal humor de la ciudadanía mediana, sin darle ninguna alternativa creíble.

Sólo un mercado internacional abierto, pero regulado con normas estrictas anti- oligopólicas, con cláusulas sociales y deberes impositivos de las empresas respecto a cada uno de los estados donde opera, podría a traer a una “pax urbi et orbi” que promovería una igualdad de oportunidades a empresas, empezando por las pymes, y a todas las sociedades, si sus Estados se manejaran en función de su capacidad de innovar, su eficiencia productiva y su calidad democrática.

La Operación Cataluña se presenta como una conspiración contra el Estado

En esta carrera competitiva, la emulación, la copia de las mejores buenas prácticas, en un mundo globalizado comunicativamente, se acabaría imponiendo en todas partes.

Por desgracia, ahora mismo esto suena a utópico. Y los defensores a ultranza de la globalización están liderados por los grupos de intereses que no quieren ningún control. Y sus detractores autárquicos están liderados por dirigente populistas que lo fían todo en los Estados, substitutorios del esfuerzo que tienen que hacer los ciudadanos y sociedades por sobresalir. En ambos casos la capacidad de auto organización y de innovación económica y social de las sociedades civiles queda desterrada. Mala pieza en el telar.

¿La descolonización de Gibraltar no vale para Ceuta y Melilla?

Otro tipo de contradicciones que hemos vivido durante la semana pasada son más caseras, sin tanta envergadura. Aquí hemos tenido unas muestras.

Después de una semana del espectáculo de Rajoy sobre inversiones en Cataluña, los presupuestos del Estado desmienten rotundamente todas sus promesas. En la comisión de investigación del Congreso de Diputados sobre la Operación Cataluña, el que tendría que ser una denuncia de las prácticas mafiosas del Estado, acaba presentándose como una conspiración contra el Estado.

España pide revisar el tratado de Utrecht para recuperar Gibraltar, pero se niega a revisarlo para devolver los derechos en Cataluña; mientras se defiende que estamos ante un caso de descolonización que no se admite para Melilla y Ceuta.

Iceta dice que si el independentismo mayoritario aguantara veinte años (ya llevamos seis) habría que abordar el tema; pero por si acaso presenta una denuncia contra el gobierno autónomo de Cataluña para pedir la opinión a los ciudadanos sin esperar 14 años más.

El PP jura dejar atrás los casos de corrupción, pero hasta que no tiene una moción de censura delante no hace dimitir al Presidente de Murcia. Y finalmente, España, dice Montoro, que ya ha salido de la crisis en el mismo momento que aumentan los recortes a la I+D y se obliga a endeudarse a los centros de investigación. Del mismo modo que las pensiones se pagarán en base a deuda, porque la caja ya la han vaciado.

Todo son contradicciones, que sólo el ‘aborregamiento’ de los ciudadanos toleran.