¿Amenaza el brexit la demanda de viviendas en España?

28 de junio de 2016 (01:00 CET)

La inesperada noticia del brexit se ha traducido en un tremendo batacazo en la bolsa nacional, en la que fue la peor jornada en la historia del IBEX 35. El mercado continuo es el primero en reaccionar, por lo que a los inversores en bolsa les espera un período de turbulencias contra las que poco se podrá hacer.

No obstante, la inversión en inmobiliario tiene unos tiempos y una cadencia que nada tienen que ver con los de la inversión en renta variable. En lo que se refiere a la inversión profesional, lo cierto es que gran parte de las operaciones que se han cerrado en los últimos meses han sido protagonizadas por grupos inversores basados en Londres.

Aun así, el brexit no les quitará el apetito por seguir invirtiendo en nuestro país. El efecto divisa no tiene por qué afectarles necesariamente, pues el dinero con el que invierten puede provenir de cualquier lugar del mundo.

La realidad es que Barcelona y Madrid seguirán captando mucha liquidez con presión por ser invertida en los segmentos de oficinas, logísticos, comerciales y hoteles, porque son mercados con un binomio riesgo-rentabilidad atractivo y unas sólidas expectativas de recorrido al alza en rentas.

Respecto al mercado residencial, es probable que en el corto plazo se resienta algo. Los británicos adoran nuestro país y son los extranjeros que más viviendas nos compran. No obstante, siguen representando un residual 3% del total de casas adquiridas en España. El problema está en que este eventual descenso en la adquisición de viviendas se concentrará en las zonas de la costa española tradicionalmente frecuentadas por británicos, y estas áreas sí notarán un enfriamiento.

En cualquier caso, el brexit no será un proceso ni mucho menos rápido. Ahora se abre un largo período de negociaciones entre Londres y Bruselas, en el que se calibrará con suma cautela todas y cada una de las consecuencias del pacto final. Lo más probable es que, en interés de ambas partes, se pacte un acuerdo comercial que no haga mucha sangre a nadie. 

La gran pregunta es: ¿aprovechará la Unión Europea para mejorar y fortalecerse? Para ello, toca ser valiente y afrontar medidas que están sobre la mesa desde hace tiempo. El exceso de legislación y el enrevesado sistema de mayoría parlamentaria resultan del todo mejorables. Es el momento de simplificar y de despojar a Bruselas de mucha de su abrumadora burocracia.

Otras cuestiones que abordar son la unión bancaria, la racionalización de la política fiscal y la redefinición de una política de asilo común que refleje los valores humanitarios intrínsecos al proyecto europeo. La confianza en la Unión Europea está en horas bajas, pero es en estos momentos cuando conviene tener presente que una inmensa mayoría de europeos estamos por la labor de seguir construyendo este proyecto, porque pertenecer a la Unión Europea es nuestra mayor riqueza y es, sin duda, nuestro futuro.